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miércoles, 25 de enero de 2012

Medina Azahara (Madinat al-Zhara), Córdoba


ENSOÑACIONES O IMPRESIONES DE UN PASEO 
(LO QUE LA CÁMARA NO VIO):












ALGUNOS DATOS SOBRE LA CIUDAD PALATINA:

Medina Azahara no se construyó por el capricho personal de un califa y menos aún por el amor que éste pudiera tener a una mujer, la princesa Azahara, su favorita, como cuenta la leyenda romántica.  Abd al-Rahman III se autoproclamó califa en el año 929 y comenzó la construcción de Madinat al-Zhara, ciudad palatina, como residencia personal y sede de los órganos de la administración del nuevo Estado Califal; Abd al-Rahman necesitaba una ciudad digna para el nuevo estatus adoptado y para impresionar a los embajadores y gobernantes de todo el mundo conocido.

Hoy, igualmente queda impresionado el visitante cuando se adentra en el conjunto arqueológico, uno de los yacimientos arqueológicos más importantes de época medieval en Europa, tanto por su gran tamaño (112 h, distribuidas en terrazas), como por su trascendencia histórica. Por el momento, sólo se ha excavado una décima parte del total. 

Actualmente el llamado "Salón Rico" no puede visitarse debido a las obras de profunda restauración que se llevan a cabo, obras que basándose en investigaciones recientes están devolviendo al salón su esplendor originario. La segunda fase se acomete en buena medida gracias al mecenazgo del World Monuments Fund (la mayor institución internacional privada dedicada a la protección de los monumentos históricos) que aporta 600.000 euros para concluir la restauración del Salón Rico. Así, la unión entre financiación  pública (Junta de Andalucía) y mecenazgo privado, nos permitirá contemplar el espacio más extraordinario de la ciudad palatina (aquel en el que se celebraban los grandes eventos y fiestas y las recepciones oficiales a las embajadas extranjeras) tal y como en su día fue. Parece ser que durante esta segunda fase de restauración (o parte de ella) los trabajos se realizarán con el salón abierto al público, de cualquier manera, aun con la ausencia del Salón Rico por ahora, la visita a Medina Azahara es más que necesaria. Quien no conozca el conjunto arqueológico o lleve sin visitarlo tres o cuatro años, quedará impresionado por las nuevas zonas abiertas al público y en general por su totalidad. 

Medina Azahara crece, está viva, los trabajos no cesan y  es aconsejable no dejar pasar demasiado tiempo (un par de años como mucho) para dar un paseo tranquilo por los laberintos de muros, arcadas, pórticos, palacios y jardines. 

Medinat al-Zahra, la ciudad, el palacio, el jardín... más hermosos y grandiosos de al-Andalus.

ÁLBUM DE UN PASEO
(LO QUE LA CÁMARA CAPTÓ):




Las entradas, gratuitas, se adquieren en el nuevo Centro de Interpretación, singular edificio galardonado con el premio Aga Khan de Arquitectura. El centro es la antesala del conjunto arqueológico y es muy interesante y recomendable su visita (gratuita, igualmente), no sólo por su contenido y por el acercamiento que supone a lo que después veremos (incluido un  audiovisual que reconstruye la ciudad palatina), también por el propio edificio, por su singularidad y belleza, casi soterrado, integrado en el paisaje a los pies del conjunto.


martes, 15 de noviembre de 2011

jueves, 29 de septiembre de 2011

martes, 23 de agosto de 2011

Córdoba Romana: Corduba

El esplendor de Córdoba en la Edad Media, especialmente en época del Califato Omeya, hace olvidar o al menos eclipsa el esplendor cordobés en la antigüedad, en Época Romana, fundamentalmente a partir del siglo I d.C, tiempo en que se produce una gran expansión urbanística y grandes obras monumentales bajo la protección del emperador Augusto. Al fin Córdoba, mejor dicho Corduba, es perdonada por haber formado parte en el siglo I a.C. del bando perdedor  en las guerras civiles entre César y Pompeyo. Augusto la confirma como colonia y eleva su rango al de Patricia, consolidándose como capital de la Hispania Ulterior y posteriormente como capital de la Bética. 


Según los hallazgos arqueológicos, los monumentos civiles y religiosos de Corduba son numerosos y de primer orden (comparables a los de Roma). Igualmente contaba con florecientes escuelas de las que salieron figuras como el filósofo Séneca (tutor y consejero de Nerón) y el poeta Lucano (sobrino de Séneca).

Con objeto de dar a conocer esta época de la ciudad, el Consorcio de Turismo de Córdoba organiza la RUTA DE LA CÓRDOBA ROMANA. Un agradable paseo por la ciudad en busca de testimonios y vestigios de Corduba. Grupos reducidos acompañados por un guía oficial, durante algo más de dos horas recorren calles y museos. Idiomas: español, francés e inglés. Precio muy asequible: 5 euros (sacando las entradas por internet: 4,5 euros). 

Todo un privilegio para viajeros y autóctonos el poder realizar este paseo por la historia. 

¿A alguien se le ocurre algo mejor para una mañana de domingo?

RUTA DE LA CÓRDOBA ROMANA
RECORRIDO

El punto de encuentro de paseantes y guía: junto a la caseta  de información turística frente al Alcázar; domingos a las 10 de la mañana (desde mediados de septiembre también sábados).  

Y aquí comienza la ruta en busca de Corduba. Y la encontraremos por todos los lugares: bajo, junto o integrada con el  resto de Córdobas, todas ellas hermosas y bellas.


1º) Alcázar de los Reyes Cristianos 



La que fue capilla del santo oficio y actual salón de celebración de bodas civiles, conferencias y otros eventos, adorna sus paredes con una gran colección de mosaicos romanos encontrados en la plaza de la Corredera, los que fueron suelos en casas de la nobleza de Corduba. 


  

Mosaico que representa a Polifemo y Galatea s.II d.C.



En los corredores del Alcázar se expone un lujoso sarcófago encontrado en un solar de la Huerta de San Rafael. En él se representa la puerta de entrada al más allá. En los laterales Pegaso que en su vuelo transporta las almas al otro mundo. 




2º)  Puente Romano


Puente sobre el Guadalquivir, el Betis romano, navegable en aquel tiempo, lo que convertía a Córdoba en un lugar estratégico. Formaba parte de la vía Augusta. Aun no siendo visible parte alguna del primitivo puente tras las varias reformas sufridas a través de los siglos, sigue siendo utilizada la misma ubicación dos mil años después. Actualmente los autobuses con turistas aparcan en la ribera de la Torre de la Calahorra. La idea es que todo aquel que visite Córdoba acceda a su casco histórico por el mismo camino que utilizaron todos los que a ella han llegado en los últimos dos milenios.

Entorno del Puente Romano: 



3º) Patio de los Naranjos 


Los miliarios. Son bloques de piedra que marcaban la distancia entre ciudades en las vías romanas. Sus inscripciones han sido fundamentales en el estudio de la red viaria de Roma. En el patio de los naranjos de la mezquita se conservan cuatro miliarios de la vía Augusta: de las épocas de Augusto, Tiberio, Calígula y Caracalla.



4º) Callejeando 

Encontramos numerosos vestigios de Corduba reutilizados en costrucciones posteriores. Un ejemplo: la columna con inscripciones publicitarias en la esquina del convento de la Encarnación.




5ª) El Museo Arqueológico

Cuenta con una importante colección de la época romana. Y no sólo eso: en los bajos del Museo un yacimiento arqueológico importantísimo: el Teatro de Corduba. Se ha recuperado un pequeña parte de la grada semicircular (la cavea). Las excavaciones continúan en un solar anexo. El Teatro fue el de mayor dimensión de toda Hispania. La cavea tuvo un radio de aproximadamente 125 m. y un graderío para unos 15.000 espectadores. Se accedía a través de un entramado de plazas en terrazas comunicadas entre sí. 

Afrodita Agachada, al fondo Estatua Togada

 
Máscaras Teatrales, s.I


Restos Cavea Teatro Romano:



6º) El templo de la calle Claudio Marcelo



Según la mayoría de los estudiosos, el Templo formaba parte del Foro Provincial junto a otros edificios públicos y el circo. El Templo era perfectamente visible para los visitantes que llegaban a la ciudad por la vía Augusta. Alcanzó más de 15 m. de altura y una planta de 32x16.

Maqueta del Templo:



7º) Mausoleos  de Puerta Gallegos, en el paseo de la Victoria


Enterramientos de familias nobles y pudientes que acostumbraban a enterrar a sus muertos en grandes monumentos situados en las principales vías de acceso a la ciudad. Dentro de uno de ellos el Centro de Interpretación del Mundo Funerario, con audiovisuales y paneles explicativos.




Y aquí terminó el paseo de dos horas y media que pudimos disfrutar el pasado domingo, día 21 de agosto: Ruta de la Córdoba Romana. Animo a otros para que lo hagan, a aquellos que por proximidad puedan optar a realizar este recorrido. Y si os encontráis en lugares lejanos, venid. Corduba y las diversas Córdobas os esperan. No os defraudarán.

Las fotos de la entrada fueron tomadas durante el paseo. Pinchad sobre ellas y podréis verlas ampliadas, incluso a pantalla completa, como todas las fotos de este blog.

Pero Corduba no termina aquí, para recorrer Corduba se necesitaría un paseo de bastantes más horas o incluso días, o varios paseos independientes entre sí. 

OTROS LUGARES DE CORDUBA NO INCLUIDOS EN LA RUTA:

El Anfiteatro: un enigma durante décadas, hasta que aparecieron sus restos en la parte trasera de la antigua Facultad de Veterinaria, hoy rectorado de la Universidad. Uno de los actuales retos de Córdoba es la recuperación, en la medida de lo posible, de este Anfiteatro y su apertura al público. El mayor de toda Hispania y uno de los más grandes de todo el imperio, con capacidad para unos 30.000 espectadores y 178 m. de eje mayor (sólo 9 menos que el Coliseo de Roma).

Palacio de Maximiano Hercúleo. El yacimiento de Cercadilla. Las dimensiones y originalidad del complejo palatino prueban la relevancia política de Córdoba en la etapa bajoimperial. Fue descubierto en 1991 cuando se realizaban las obras de la nueva estación de tren. Hasta entonces no se conocía en toda Hispania un edificio de estas características.

Composición a partir de dos fotos tomadas en el Museo Arqueológico:  

  
Y otros lugares, sólo citando: Tumba romana de la Puerta de Sevilla. Vía de acceso al anfiteatro en la calle Ximénez de Quesada. La muralla de Ronda de los Tejares. Acueducto en la Estación de Autobuses. Villa romana de Santa Rosa. Mausoleo del Palacio de la Merced. La casa romana del Bailío. Los Foros Públicos. Friso de la calle Junio Galión. El Circo (estuvo entre el Templo de la calle Claudio Marcelo y la plaza de la Corredera). Cantera de Peñatejada, a 3 km. de la capital. El Yacimiento de Ategua, en Santa Cruz, término municipal de Córdoba.

Y en la provincia: Villa romana del El Ruedo, en Almedinilla. Yacimiento arqueológico de la villa de Fuente Álamo en Puente Genil. Museo Arqueológico Municipal de Montoro. Cisternas y criptopórtico romano en Monturque. Museo Arqueológico de Cabra.   

Para terminar un vídeo del Consorcio de Turismo: una reconstrucción de Corduba.

 

 Enlace a la página de Turismo de Córdoba:

 

miércoles, 8 de junio de 2011

Eduardo Galeano Versus Mario Vargas Llosa


A continuación recojo el texto de un trabajo realizado por un alumno que cursa  4º de Historia en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Córdoba, presentado en la asignatura Historia de América. Desde mi punto de vista, un trabajo crítico y valiente.

LATINOAMÉRICA: UN CONTINENTE DESESPERADO

Autor: Alberto Berlanga Lillo

Este trabajo está realizado a partir de la previa lectura de los libros de Eduardo Galeano: Las Venas Abiertas de América Latina; y de Mario Vargas Llosa: Sables y Utopías. Visiones de América Latina. El fin del mismo es hacer una comparación entre los distintos puntos de vista que, los autores, tienen de la situación política de América Latina. Estas visiones, parten desde unas ideologías totalmente opuestas en lo referente, tanto a planteamientos políticos, como a económicos y sociales.

Para exponer su visión de América Latina, Eduardo Galeano, en su ensayo, hace un viaje retrospectivo por la historia del continente, analizando los factores que, desde la conquista española hasta la fecha de publicación del mismo -1971-, han influenciado y han derivado en la actual situación político-social-económica del continente. Por el contrario, los numerosos ensayos -publicados en distintas fechas del último tercio del S. XX- que conforman la monografía de Vargas Llosa, sólo se centran en analizar los factores políticos, económicos y sociales acaecidos en América Latina durante el S.XX, como únicas causas del actual marco político latinoamericano.

Unos de los problemas importantes que veo a la hora de realizar este trabajo, que no es tarea fácil, es el marco temporal que hay entre la publicación de Las Venas Abiertas de América Latina y algunos de los ensayos de Sables y Utopías, los cuales son publicaciones muy recientes. Debo decir que me hubiera gustado ver la evolución ideológica del autor del primero, y su análisis de los cambios acaecidos en Latinoamérica durante estos últimos cuarenta años, aspecto que sí he podido apreciar al leer el libro de Vargas Llosa. Aunque, viendo algunas conferencias de actualidad dadas por Galeno, creo que coherentemente ha seguido fiel a sus principios, mientras que si tuviese que elegir una frase para definir la evolución política de Vargas Llosa diría, si se me permite, lo siguiente:

“Si a los 20 años no eres de izquierda, no tienes corazón. Si a los 40 no eres de derecha, no tienes cerebro.” Winston Churchill.

Esta frase que, para mí, define la incoherencia humana, es muy atribuible a la evolución ideológica de Vargas Llosa. Una persona que, en su juventud, veía con buenos ojos las revoluciones socialistas, tal es el caso de la cubana –véase los capítulos de “Sables y utopías”: crónicas de cuba I y II (1967)- como método para salvar a una sociedad de la pobreza y la injusticia, pasa, con los años, a defender un sistema de libre mercado extremo en el que los países no jueguen ningún tipo de papel en el ámbito del mercado internacional, es decir: desnacionalización de empresas, derogación de cualquier ley de tipo arancelaria, apertura total de los países a cualquier inversión extranjera, etc. Por el contrario, Galeano, en su recorrido por la historia latinoamericana, lo que critica es precisamente esto. Defiende, que la situación político-social actual latinoamericana es causa directa de la sangría histórica que países, mercantilistas en un comienzo tales como Portugal y España; y capitalistas con posterioridad, refiriéndose a Inglaterra y a EEUU, han hecho durante siglos en el continente.

Este capitalismo democrático tan ansiado por Vargas Llosa para América Latina es la causa de que nosotros, los países desarrollados occidentales, vivamos tan bien y con un Estado del bienestar tan estupendo y envidiable. Pero este nivel de vida no es gratuito, sino que por el contrario tiene un alto coste: el subdesarrollo y la pobreza de ¾ partes de la población mundial, aparte, por supuesto, de la destrucción de la Tierra. Las circunstancias latinoamericanas son muy parecidas a las que se encuentran en el África subsahariana y los países de sur-este asiático, es decir, la explotación de sus recursos minero-agrícolas por parte de grandes empresas multinacionales con sedes en los países desarrollados, las cuales, son las beneficiarias del rendimiento de estas producciones, mientras que los pocos beneficios que obtienen los países pobres a partir de sus recursos, van a parar, en la mayoría de los casos, a dictadores en los regímenes totalitarios, y a los funcionarios corruptos en las falsas democracias. Para mantener este statu quo, los países ricos ya se encargan, como muy bien dice Galeano, de implantar “dictadorzuchos” y reyezuelos a diestro y siniestro: Pinochet en Chile –aunque en el año de la publicación de su ensayo, éste veía con esperanza el gobierno de Salvador Allende, sentimiento que me entristeció leer tras conocer lo que desgraciadamente aconteció en este país-, Videla en Argentina –aunque este caso, es también posterior a su publicación-, Batista en Cuba, los Somoza en Nicaragua, etc. todos ellos apoyados por “los buenos”, que son, sin duda alguna, los EEUU.

Vargas Llosa se muestra muy crítico con todo tipo de dictadura y con la corrupción de las democracias latinoamericanas, y no le falta razón porque considero, al igual que él y Galeano, que son, en gran medida, responsables de la situación de pobreza actual que sufre América Latina, aunque Galeano, se muestra más favorable a las dictaduras provenientes de una revolución socialista. A los regímenes socialistas, ya sean democráticos o totalitarios, Vargas Llosa los considera utópicos, ya que aunque tengan unas buenas ideas de base social justas y equitativas, con el paso de los años, según él, acabarían por convertirse en dictaduras, o los funcionarios a su servicio terminarían corrompiéndose. Para él, la solución mágica para que Latinoamérica saliese de su pobreza tendría que aglutinar, grosso modo, tres pasos a seguir. El primero, que hubiese un Estado democrático a la europea en cada uno de los países de este continente; el segundo, que los funcionarios al servicio de dichos Estados fueran incorruptibles; y el tercero, que las empresas de los Estados occidentales interviniesen con inversiones en dichos países con el fin de desarrollar a los mismos. Para mí, el título de su monografía vendría muy bien a la hora de clasificar esta solución: Utopía. En primer lugar -y como extraordinariamente explica y demuestra Galeano-, el capitalismo salvaje llevado a cabo por los europeos y estadounidenses en Latinoamérica no es la solución a sus problemas, sino la causa principal de los mismos, la cual, ha impedido que los estados de este continente puedan desarrollarse por sí mismos, y en el caso de que algunos lo intentasen a través de medidas proteccionistas, al final, acabaron por ser absorbidos por el imperio capitalista (véase el tremendo capítulo de “La guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay…” de “las Venas Abiertas de América Latina”). Y en segundo lugar, en el mundo librecambista y capitalista, que defiende Vargas Llosa, siempre va a haber ricos y pobres, países ricos y países pobres, ¿de quién se van a aprovechar los nuevos países desarrollados latinoamericanos cuando lo sean? Yo, y es mi opinión, creo en el internacionalismo como una solución al mundo en el que vivimos, pero no en el capitalista, desde luego.

La internacionalización que defiende Vargas Llosa, es decir, la globalización, como solución a los males de Latinoamérica, quizás, sea posible para algunos de estos países que la conforman, pero por supuesto, no para todos. Para mantener un alto nivel de vida a la europea o a la americana, el cual engloba un grupo de países denominados consumidores -como acertadamente describe Galeano- es necesario que haya, a su vez, otra serie de países productores de materias primas consumibles –por el primer grupo de países-: metales de todo tipo, productos alimentarios –innecesarios- como el azúcar, el café –salvo, como bien y en tono cómico dice Galeano en una de sus conferencias, para los estudiantes en época de exámenes- etc.

Una de las grandes e importantísimas diferencias que he apreciado entre los dos autores, a raíz de la lectura de sus correspondientes libros, es el gran acercamiento a la realidad latinoamericana que se vislumbra en Galeano y la excelente y coherente forma que tiene de tratarlo y exponerlo en el texto. Mientras que de lo contrario, Vargas Llosa se dedica a criticar y a dar soluciones incoherentes y utópicas a una realidad latinoamericana mucho más cruda de lo que él piensa o, por lo menos, expone. Defiende “a muerte”, por decirlo de alguna manera, la democracia a la europea en América Latina, con todas sus consecuencias. Pero parece que no se da cuenta de que el continente latinoamericano no es Europa. ¿Cómo puede defender una democracia a la occidental y un librecambismo, cuando los países desarrollados, a la vez que explotan los recursos latinoamericanos y los invaden con sus empresas, se dedican a poner unas grandísimas tasas arancelarias a muchos productos y manufacturas latinoamericanas? ¿Cuáles serían las soluciones para el problema de pobreza, corrupción, narcotráfico, etc. que padece Sudamérica? No lo sé, pero si tuviéramos que empezar eligiendo por el modelo que propone Vargas Llosa de librecambismo o el que propone Galeano de proteccionismo, sin duda, pienso que habría que comenzar con el segundo. En el caso de Inglaterra y EEUU, hemos comprobado a través de la historia, que el librecambismo -como bien nos expone Galeano-, no fue el modelo que siguieron para conseguir su desarrollo inicial. Me pregunto, además, ¿qué tipo de gobierno sería el ideal para llevar a cabo una serie de soluciones que rompan con el actual modelo económico, causante de las desigualdades sociales reinantes en Latinoamérica? Las dictaduras militares por descontado que no, lo ideal, pienso, sería que una democracia de izquierdas acabase con el caciquismo y el dominio de las multinacionales sobre los recursos nacionales, por y para el pueblo. Pero esto último es una utopía: siempre que salga elegido un gobierno de derechas o conservador hará todo lo posible por alimentar el monstruo capitalista, que perjudica a muchísimas más personas de a las que realmente beneficia y que, en el caso de América latina, los perjudicados y muertos de hambre son una gran mayoría de la población.

Galeano, a diferencia de Vargas Llosa, defiende la revolución socialista como medio para conseguir el fin de igualdad y justicia que se merece un Estado, en el que sean los países los que controlen sus recursos; y los beneficios de estos, por tanto, repercutan en el pueblo, y no a un número reducido de “Tiburones” –altos ejecutivos de empresas multinacionales, presidentes y directivos de bancos y aseguradoras, etc.-, cuya codicia es insaciable. Sin embargo, este planteamiento socialista es criticado duramente por Vargas Llosa, el cual parece que prefiere -con respecto a Latinoamérica-: un muerto de hambre, que pueda ir a votar al cacique que le va a explotar y, a su vez, expresar libremente el hambre que pasa; a uno que no la pase, y no pueda elegir libremente a sus gobernantes. Incluso se atreve criticar a aquellos gobiernos, que elegidos democráticamente, supieron imponerse al dominio económico establecido en sus países: según él, la dictadura pinochetista y franquista, fueron consecuencia en buena medida, de la incompetencia gubernativa en cuestiones político-económicas, que el gobierno del señor Salvador Allende y el del señor Manuel Azaña llevaron a cabo en sus respectivos países, fomentando el descontento de la población, el cual, finalmente, vio con buenos ojos la llegada de los nuevos regímenes dictatoriales. Creo, que de los pocos que vieron con buenos ojos la llegada de estos regímenes fueron, entre otros, los caciques, que estuvieron a punto de sufrir, tanto en Chile en 1971 como en España en 1936, justas expropiaciones en sus latifundios de por vida.

Vargas Llosa comete, a menudo, el error de poner como ejemplo el caso del milagro español, alabando la labor socialista de los años 80 y 90 que permitió un importante y acelerado impulso económico a nuestro país y, además, lo intenta extrapolar sin base alguna, y como modelo a seguir, a Latinoamérica. Una vez más, señalo, que Europa no es América. El gran impulso económico de nuestro país se debe, grosso modo, a 5 factores determinantes: las ayudas económicas obtenidas de nuestra entrada en la U.E –organismo que no existe en Latinoamérica, ni nada que se le asemeje, salvo para el libre mercado representado por bloques comerciales tales como: MERCOSUR, CAN, CARICOM, etc.-; la gran afluencia de turistas llegados a nuestro país -por estar de moda- y que hemos sabido conservar, lo cual ha servido para dar un gigantesco impulso al sector servicios y, por consiguiente, a la creación de empleo; la importántisima cantidad de inversiones extranjeras que se han realizado en ámbitos industriales, como en el sector automovilístico, etc.; el “boom” de la construcción; y por último, las numerosas desnacionalizaciones de empresas llevadas a cabo, sobre todo, en el periodo de gobierno del Partido Popular. Y después de todo esto, y tras una gran crisis mundial, que nos ha hecho despertar de un sueño que, para muchos, era el capitalismo, ¿qué nos queda?: casi cinco millones de desempleados, y en aumento; inversiones extranjeras emigrando a los países del este, más baratos y rentables dentro de este mundo librecambista; escasísima industria, en comparación con nuestros países vecinos como Italia, Alemania, Francia e Inglaterra; el despertar del sueño, que era para muchos el mercado salvaje inmobiliario, el cual ha dejado, por ejemplo, un 20% de desocupación de pisos en Córdoba, cuando a los jóvenes nos cuesta cada vez más independizarnos debido a la falta de empleo y a los abusivos costes de los pisos; empresas, antes nacionales, como telefónica queriendo despedir -actualmente- a 6.000 trabajadores, mientras, al mismo tiempo, da comisiones por valor de millones de euros a sus directivos; etc. etc. Con todo esto, quiero intentar demostrar que las tesis librecambistas -protegidas por las democracias liberales-, que defiende Vargas Llosa, no son una solución factible para el mundo en el que vivimos, y menos aún para un continente como América Latina, en el que la mayoría de sus recursos de producción están controlados por empresas extranjeras.

La crisis mundial, nos ha demostrado que el capitalismo no es tan perfecto como se creía, todo lo contrario, en el mundo –y aunque suene ya repetitivo, pero es la verdad- los ricos son cada vez más ricos, y los pobres cada vez más pobres. No sé cuál es la solución para este continente, pero veo con muy buenos ojos a los gobiernos democráticos de Evo Morales en Bolivia, al de Correas en Ecuador, e incluso todavía al de Chávez en Venezuela –espero que el poder no le nuble sus metas para con el pueblo-. De lo que estoy seguro es, y reitero, que la globalización capitalista hasta ahora llevada a cabo por los países desarrollados, y que afecta muy negativamente a los Estados pobres, no es la solución a seguir para lograr el desarrollo y la salida de la pobreza de estos últimos Estados, tanto los latinoamericanos como lo subsaharianos. Aún así, esta es la globalización tan admirada por Vargas Llosa a día de hoy, y la tan criticada por Galeano ayer, hoy y mañana.






jueves, 19 de mayo de 2011

Max Aub y el Laberinto Mágico


El viaje más enriquecedor y esclarecedor que realicé en el verano del 2009 fue la lectura de las seis novelas sobre la Guerra Civil que componen El Laberinto Mágico, de Max Aub. Las leí y me sentí estafada, engañada. Apenas hacía unos meses que había tenido conocimiento de la existencia de un escritor cuyo nombre era Max Aub. Estafada y engañada por aquellos que deciden qué autores son dignos o no de formar parte de los planes educativos y de quiénes son merecedores o no de ser homenajeados públicamente (y con la difusión adecuada para que llegue a todos).


Max Aub pertenece a la Generación del 27. Estuvo en el exilio. Murió en 1972. Y su figura y obra no fueron reivindicadas en unos años (los 80) en que otros autores, con las mismas circunstancias y con una obra de similar talla, lo fueron.

Recuerdo ese verano de 2009, recuerdo que mientras avanzaba en la lectura estaba cada vez más sorprendida y me preguntaba por qué puñetas no conocía desde hacía mucho a Max Aub. Yo y la mayoría de la gente. Leía y leía y no entendía que Max Aub no formara parte de nuestra memoria colectiva desde aquellos años de retorno democrático, de que no se le hubiera dado la difusión que merecía. Pero al concluir la lectura dejé de estar sorprendida. Lo que estaba era indignada al imaginar cuáles podían ser los motivos de ese olvido inmerecido. Quizás, El Laberinto Mágico era incómodo no sólo para los vencedores de la Guerra Civil, también para algunos herederos de siglas de los perdedores y, en concreto, para algunos que formaban parte del mismo partido al que perteneció Aub, el partido socialista.

Son seis las novelas que forman el ciclo narrativo: Campo Cerrado, Campo Abierto, Campo de Sangre, Campo del Moro, Campo Francés, y Campo de los Almendros. Libros que pude sacar de la biblioteca pública que frecuento. Todos los ejemplares en un estado lamentable que intenté paliar con una buena dosis de fixo y de pegamento.

Pero el problema no era el estado de los libros, al contrario, era un buen síntoma: habían sido leídos; el problema era que fueran aquellos los únicos ejemplares disponibles y no se renovaran. A posteriori lo entendí. Deseosa de que formaran parte de mi biblioteca personal fui en su busca para comprarlos. Tarea ardua la que me proponía, no carente de sorpresas. La primera, el desconocimiento que en las  librerías tenían sobre el autor y su obra; la segunda (una vez consultadas sus bases de datos), la noticia de que la mayor parte de las novelas de la serie -que fueron publicadas por Alfaguara entre 1978 y 1983-, estaban agotadas o descatalogadas. Comenzó mi búsqueda por internet y descubrí que la Consejería de Cultura de la Generalitat Valenciana estaba publicando las obras completas (Max Aub, aunque de origen alemán y francés, era valenciano). Ninguna de las librerías sabían de esta edición. Pude pedir el Laberinto por internet y recibí cuatro de las seis novelas; de la edición de la Generalitat dos estaban agotadas (supongo que la tirada de ejemplares sería, más bien, cortita).

En los estantes de mi librería tengo aún El Laberinto incompleto, a falta de los dos primeros Campos. No sé si la Generalitat o Alfaguara, van a reeditar las obras agotadas. Lo que sí sé es que la lectura de El Laberinto es imprescindible si queremos entender nuestro pasado reciente. Desde hace unos años, desde avanzados los 90, y con la reivindicación de la Memoria Histórica, se están haciendo por fin estudios rigurosos, investigaciones de historiadores que pertenecen, en la mayoría de los casos, a la generación de los nietos de los que vivieron la guerra. Los historiadores hacen su trabajo -riguroso, científico-, pero, sin lugar a dudas, la labor del novelista es el complemento imprescindible a ese trabajo. Gracias a los historiadores podemos saber, conocer; gracias al novelista, en este caso Max Aub, podemos sentir, vivir lo que aquello fue. Y si se trata de Memoria, es más difícil olvidar lo que se siente y vive que lo que sólo se estudia.

Los personajes de Aub están vivos, te parecen tan reales como las personas que te rodean, cada uno de ellos da su visión, su perspectiva, sus sentimientos sobre la realidad en la que están inmeros, perspectivas diferentes entre sí, de ahí la riqueza, el realismo y la valía de las novelas del ciclo. El autor, como un camaleón, consigue meterse en el entorno, en la piel de sus personajes, en sus pensamientos y emociones, con lo cual sus acciones resultan tan reales como la vida misma. Todos los Campos son necesarios, la suma de todos es ese Laberinto Mágico. Pero si tuviera que quedarme sólo con uno, tal vez lo haría con el último, con Campo de los Almendros.

Años después de aquellos primeros años de democracia en que la figura y la obra de Max Aub fueron silenciadas o, al menos, no reivindicadas con el fervor con que debieran haberlo sido, se creó una Fundación para la difusión de su obra; obra extensa la suya, no sólo escribió El Laberinto Mágico. En 2003, coincidiendo con el centenario de su nacimiento, el suplemento cultural de El País, Babelia, le dedicó el número del 31 de mayo. Y, yo, aunque suelo hacerlo, ese día... en fin... no leí el suplemento (como a muchos otros les sucedería, supongo). Una pena; tuve que esperar hasta el 2009.

  Dicen que más vale tarde que nunca.

 

Enlace a un artículo recogido en el suplemento de Babelia que aporta luz sobre el olvido de Aub. Un artículo que no tiene desperdicio:
Enlace a la Fundación Max Aub:
Enlace a la página principal de Babelia de 31-5-2003: