En Venecia, hay nubes esplendorosas y hermosas, tristes y
amenazantes; como en todos los lugares.
Paseante en el viaje, viajero en el paseo. Con ojos abiertos se emprende el camino y los pasos se calzan con el fino velo de la ensoñación. Tu mirada particular como compañia: amplía esta senda con tus comentarios.
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jueves, 14 de febrero de 2013
viernes, 4 de enero de 2013
Niños en la Arena
Segundos antes los niños no percibían
presencia alguna, aun a sabiendas de que la mirada de los padres no
andaba lejos, los hermanos creían encontrarse en una isla mágica cuyo
arenal les pertenecía y jugaban ensimismados dispuestos a construir
el castillo soñado, el que sin duda sería morada de princesas y héroes
valerosos. Pero, de pronto, su juego se detiene y ambos dirigen la
mirada hacia una figura cercana que parece encamina sus pasos hacia la
orilla. El niño, entre contrariado por la interrupción y sorprendido, la
observa con atención: ¿quién será la muchacha que avanza con paso
firme? Aunque está seguro de no conocerla, su rostro le resulta
familiar; tal vez la haya visto en algún lugar y no lo recuerda, piensa.
La niña, por el contrario, no está disgustada por el cese de su juego,
aunque sí algo sorprendida por aquella figura que se aproxima. La niña
ríe abiertamente, es feliz, muy feliz... nada más verla ha reconocido a
la muchacha… la alegría de la niña es inmensa, al poder contemplar a la
chica que, dentro de unos años, será.
jueves, 13 de diciembre de 2012
Contigo
Escondida tras el árbol, cual camaleón en el entorno, está contigo, como sombra de luna tras los pasos o diurno resplandor adelantándolos, salero de lágrimas, dulzor de risa, luz cernida sobre la ceguera. No permitas que la niña que fuiste se aleje, no por miedo a que quede perdida en la oscuridad del olvido, no, esa niña conoce las sendas, veredas y caminos, también los atajos, no temas por ella, no corre riesgo alguno… Pero si se marchara, tú quedarías huérfana para siempre de la dulce o punzante nostalgia; tal vez pueda parecerte agradable que tal cosa sucediera porque la añoranza duele y a veces no es buena compañera; aun así, si soltaras a esa niña, si dejas que se vaya, por quien debes temer es por ti… pues tú serías, desde entonces y sin remedio, la perdida, la extraviada.
viernes, 30 de noviembre de 2012
¡Corred...!
¡No andéis cabizbajos, corred...! Como chiquillos sobre la mullida alfombra: con brazos
abiertos, con risa nerviosa, alzando miradas y rostros hacia las
ramas doradas de otoño.
miércoles, 28 de noviembre de 2012
Dragones Maltrechos
Puedes, en el
silencio, escuchar sirenas, que como relojes inflexibles mueven
rostros teñidos de carbón y sol; saborear palabras sencillas pronunciadas con
medias sonrisas y, otras, rabiosas o desesperadas, enmudecidas por la necesidad
urgente o el miedo; palpar sudores espesos y ásperas toses, lubricados con polvo
negro y escarchas de amaneceres; oler a
ropa descolorida, a lana apolillada, a botas remendadas o alpargatas. Pero verlo
no puedes. Lo intentas, pero la niebla del tiempo lo impide. Tu retina sólo es
capaz de apresar a maltrechos dragones que inundaron de humaredas el valle,
hundidos en la tierra, alzando
sus piedras sobre el páramo solitario, próximos a la urbe crecida. No puedes
ver… pero sí, entre niebla coloreada de tiempo, intuir, intuir con
apabullante certeza.
lunes, 5 de noviembre de 2012
Velocidad
A ciento veinte por hora difuso apareciste.
Roble, bosque; arbórea ignorancia, espejismo.
A ciento veinte quedaste atrás, solitario, nítido.
martes, 11 de octubre de 2011
Escenarios del Pasado
Los pies crecidos de los niños que fuimos
quedan varados en suelos ajados,
quedan varados en suelos ajados,
yemas que un día fueron diminutas
se ulceran y sangran
acariciando las paredes rotas,
pupilas cansadas
reviven, se alivian, lloran y se nublan
mirando los hermosos cielos
que soñó el Principito perdido del cuento.
"suelos"
"paredes"
"cielos"
martes, 21 de junio de 2011
Diario de una Atleta
A continuación inserto dos textos ajenos. Dos microrelatos escritos por una chica que en la pasada primavera cumplió diecisiete años. Acaba de concluir 1º de Bachillerato, y aunque se haya decantado por ciencias puras, por el bachiller tecnológico, y planee estudiar una ingeniería, le gusta escribir, no lo hace mal y, tanto en este curso como en el anterior, ha sido premiada en el Concurso de Microrelatos de su instituto.
Le gustan las ciencias y la escritura, como he dicho, pero sobre todo lo que constituye una parte importantísima de su vida es el Atletismo.
Autora: Alba Berlanga Lillo:
“Diario de una atleta”
(1º Premio del Concurso de Microrelatos de Bachillerato, 2011).
Estoy con aquel que me ha acompañado en situaciones semejantes... mi nerviosismo. Cierro los ojos y respiro hondo, pero no se va. Cada vez se vuelve más amenazador. Y por fin... suena el disparo. Seguidamente desaparece la angustia que me estaba atormentando segundos antes. Ahora sólo quedo yo. En medio de dos líneas con un único objetivo, seguir.
Centro de muchas miradas, de gritos de ánimo. Son murmullos, a penas los oigo. Saltan, dan palmadas, siempre atentos. Ya falta poco, tan sólo unos metros. Tú puedes; aguanta; no te rindas; lucha;…
Cuando la fatiga va ganando terreno y las piernas a duras penas responden, caigo. Duele. Miro a mi alrededor: unos ríen, otros lloran. Yo… no estoy, simplemente eso. Me abrazan, están ahí, conmigo. Sonrío con el poco aliento que me queda… Pero volveré –pienso. Porque el verdadero éxito no significa conseguir la victoria. Sino saber levantarse tras una caída, como esta.
Los miro, vuelvo a sonreír, abrazo, estoy ahí,… –Volveré.
Centro de muchas miradas, de gritos de ánimo. Son murmullos, a penas los oigo. Saltan, dan palmadas, siempre atentos. Ya falta poco, tan sólo unos metros. Tú puedes; aguanta; no te rindas; lucha;…
Cuando la fatiga va ganando terreno y las piernas a duras penas responden, caigo. Duele. Miro a mi alrededor: unos ríen, otros lloran. Yo… no estoy, simplemente eso. Me abrazan, están ahí, conmigo. Sonrío con el poco aliento que me queda… Pero volveré –pienso. Porque el verdadero éxito no significa conseguir la victoria. Sino saber levantarse tras una caída, como esta.
Los miro, vuelvo a sonreír, abrazo, estoy ahí,… –Volveré.
“Era martes, o quizás miércoles”
(Mención Especial del Instituto en el Concurso de Microrelatos, 2010)
Era martes, o quizás miércoles…
Abrí los ojos casi incapaz de mantenerlos y me vi tirada en una playa, el mar me deslumbraba. Asustada me puse en pie, ¿dónde estaba? Miré a mi alrededor y pronto supe que aquel sitio no era habitado: no había edificaciones, ni desperdicios en la arena, solo vegetación. Confusa miré al cielo, me tranquilizó verlo, brillante como siempre iluminaba el lugar; lo veía distinto, sus rayos no me asustaban, y es que allí él no era un enemigo. El cielo, despejado de humos, lucía un azul intenso. Una brisa cálida golpeaba las copas de los árboles, sin violencia. Las únicas huellas en la arena eran las de las gaviotas que paseaban sin miedo. No había rastro de pobreza, ni de catástrofes; todo estaba en calma. Y es que allí no habitaba ningún ser capaz de diseñar para destruir.
Me tumbé en la arena, y el propio silencio fue la nana que me sumergió en un profundo sueño. Tal vez ni siquiera fue un martes, ni un miércoles, y quizás ni siquiera fue un día de la semana. Lo más probable es que aquel lugar sólo fuera fruto de mi imaginación.
Abrí los ojos casi incapaz de mantenerlos y me vi tirada en una playa, el mar me deslumbraba. Asustada me puse en pie, ¿dónde estaba? Miré a mi alrededor y pronto supe que aquel sitio no era habitado: no había edificaciones, ni desperdicios en la arena, solo vegetación. Confusa miré al cielo, me tranquilizó verlo, brillante como siempre iluminaba el lugar; lo veía distinto, sus rayos no me asustaban, y es que allí él no era un enemigo. El cielo, despejado de humos, lucía un azul intenso. Una brisa cálida golpeaba las copas de los árboles, sin violencia. Las únicas huellas en la arena eran las de las gaviotas que paseaban sin miedo. No había rastro de pobreza, ni de catástrofes; todo estaba en calma. Y es que allí no habitaba ningún ser capaz de diseñar para destruir.
Me tumbé en la arena, y el propio silencio fue la nana que me sumergió en un profundo sueño. Tal vez ni siquiera fue un martes, ni un miércoles, y quizás ni siquiera fue un día de la semana. Lo más probable es que aquel lugar sólo fuera fruto de mi imaginación.
miércoles, 25 de mayo de 2011
La Niña Vestida de Gris
La niña vestida de gris se perdió en el cascajal de un río. Sola frente al lecho agrietado, seco y extinto. Rodeada de frescos bosques de ribera cuyos vientos susurraban bellas notas de arpas y aleteos de ángeles valientes.
La niña vestida de gris se perdió como pudiera haberlo hecho una niña de cuento. Sus ojos se velaron de llanto, sus pies se enredaron de piedras.
La noche cayó sin estrellas ni luna, el día volvió cuajado de nubes oscuras.
La niña vestida de gris se durmió y despertó entre almidones de encaje de alambre.
Cuentan su paseo y me acongojo por ella, pues desde los bosques el murmullo del viento que oía era el de un aire parado en ramas que no mecen hojas ni cobijan a los pájaros libres heridos.
La imagino y lloro por ella, porque lo que creyó era música de alas, era un coro de magos, afinando varitas.
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