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jueves, 17 de mayo de 2012

Eduardo Galeano, Los Hijos de los Días

 

Los Hijos de los Días  de Eduardo Galeano es un libro para leerlo poco a poco, un viaje a través de los 366 días de un año bisiesto. 

Con una prosa hermosa y concisa, desde un punto de vista comprometido y coherente, Galeano nos regala cada día una pequeña y, al mismo tiempo, gran historia; palabras para la reflexión.



 Un extracto (pag. 291):


Setiembre
11
                                            
  Día contra el terrorismo


      Se busca a los secuestradores de países.
    Se busca a los estranguladores de salarios y a los exterminadores de empleos.
     Se busca a los violadores de la tierra, a los envenenadores del agua y a los ladrones del aire.
     Se busca a los traficantes del miedo.





15-05-2012: Eduardo Galeano en la Facultad de Filosofía de Córdoba, con motivo de la presentación del libro, en donde procedió a la lectura de pasajes del mismo.

domingo, 6 de mayo de 2012

García Lorca, Medio Pan y Un Libro


Quevedo, en sus desplazamientos -forzados o no- cargaba sus baúles con libros.  García Lorca se desprendía de todos los que poseía, no porque le pesaran sino para compartirlos con aquellos que carecían de medios para comprarlos. En septiembre de 1931, con motivo de la inauguración de la biblioteca de Fuente Vaqueros, dio una charla en la que habló con pasión de las necesidades culturales del ser humano, de los pueblos. Extracto de su discurso:


“No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social. Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros? ¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: «amor, amor», y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras. Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoievsky, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: «¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!». Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida”.




jueves, 15 de marzo de 2012

Ramiro Pinilla, Las Ciegas Hormigas

Ramiro Pinilla (Bilbao, 1923) creo es uno de los escritores vivos más importantes, aun siendo un desconocido para dos generaciones de españoles. Es considerado como uno de los renovadores de la narrativa española que se da en los años sesenta. Tras recibir en enero de 1961 el Premio Nadal por Las Ciegas Hormigas (a mi parecer una auténtica obra maestra), y en 1962 el premio de la Crítica, desapareció de los circuitos comerciales y sólo publicó en una pequeña editorial que fundó él mismo: Libropueblo, que distribuía sólo en Bilbao y a precio de coste (sí, sí, a precio de coste: increíble o difícil de entender en el actual mundo mercantilizado que tenemos.... y para ganarse la vida escribía textos para álbumes de cromos y biografías por encargo). En los primeros años de este siglo XXI publicó  la trilogía Verdes Valles, Colinas Rojas, en Tusquet, y comenzó a ser premiado (de nuevo) y reeditado.  Las Ciegas Hormigas ven la luz en 2010.

 ¿Por qué ha sucedido esto? La clave puede que esté en las palabras que dice el propio escritor en el prólogo de esta última edición: Las ciegas hormigas ha permanecido medio siglo secuestrada por la editorial Destino. En el contrato leonino que aquel ingenuo escritor firmó con entusiasmo, una cláusula decía que el editor sería dueño de la obra mientras en su almacén quedaran cien ejemplares: era la posesión de ella por vida. Si nuestras relaciones se rompieron pocos años después, no fue por este abuso sino por otras deslealtades. Señalaré una: cierto día se presentó en mi casa un equipo completo de la televisión alemana para rodar en la costa de Getxo mi novela. Al decirles yo que no tenía la menor noticia, no lo podían creer. Llamo a Destino. "No se preocupe, Pinilla, todo está en regla" Sólo entonces me enviaron 100.000 pesetas. ¿Poco? ¿Mucho? Lo indignate era lo otro, el desprecio al autor /.../ Otra: en 1999, Planteta Agostini, con Destino en este grupo, publicó mi novela en silencio y sin que hasta ahora el autor haya recibido un céntimo. Desde hace meses Las Ciegas Hormigas ha regresado a mis manos gracias a las personales gestiones de Toni López Lamadrid, de Tusquets, recientemente fallecido, al que nunca dejaré de agradecérselo. Un editor enseñando a otro buenas maneras.

Conocí de la existencia de Pinilla hace unos pocos años, a través de la lectura de su novela La Higuera, y hace año y pico al fin pude leer las Ciegas Hormigas, que desde entonces está entre, no sé, tal vez los diez mejores libros que he leído. Está narrado desde un punto de vista múltiple, hablan las voces interiores de cada personaje contando la realidad desde su yo más íntimo. Una cruda realidad de dignidad y de lucha desesperada por la supervivencia. Y el autor lo hace con tal naturalidad que el lector parece que está allí, siendo uno más de la familia de Sabas Jaúregui, los protagonistas.

 Otras palabras del autor en el prólogo: Las Ciegas hormigas es un título nada sutil, frontal, demasiado directo y descarnado, pero quería contar una historia con personajes al límite debatiéndose entre el sentimiento y el instinto animal de supervivencia, enfrentados a una realidad que los quiebra, una realidad que, en realidad, es todas las realidades.

Los críticos comparan Las Ciegas Hormigas con Mientras Agonizo de William Faulkner. Este último es extraordinario, pero si forzadamente tuviera que elegir, me quedaría con las Ciegas Hormigas; en cualquier caso, es uno de los pocos libros que estoy dispuesta a releer una y más veces.


martes, 13 de marzo de 2012

El Quijote Interactivo, Una joya al Alcance de Todos

Una versión interactiva de la primera edición de El Quijote (1605 y 1615) que se conserva en la Biblioteca Nacional. Se digitalizó con alta resolución, construyéndose un portal interactivo que incluye mapas, grabados e ilustraciones pertenecientes a otras ediciones y obras, música, información de la época...  Una joya al alcance de todos desde octubre de 2010, posible gracias al trabajo de treinta profesionales especialistas en diversos ámbitos y más de cinco mil horas de trabajo.
 

Pincha en la imagen para ir al Quijote Interactivo

domingo, 15 de enero de 2012

Lecturas, Sin Escafandra



Era (y es) un buen principio. ¡Magia Potagia! Con Verne, Stevenson, Defoe... (y una buena mecedora o un sillon)... no necesitabas (ni necesitas) escafandra.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Paseo Poético En Córdoba

Una idea siempre parte de alguien, en este caso la idea del paseo se le ocurrió a Mané, quien lo planificó con un par de semanas de antelación. Llega el día D, 11.30 de la mañana en la Plaza de Colón. Un domingo de octubre. No es un domingo otoñal, el verano, persistente y acaparador,  extiende sus tentáculos más allá de su estación. Una vez reunido el grupo convocado comienza el paseo. Se trata de ir al encuentro de la poesía; de los poemas y poetas que ofrecen su presencia perenne  en los rincones y fachadas de la ciudad. El primer turno de lectura es de Carmen, junto a la hermosa y desasosegante plaza de Capuchinos (sí, desasosegante por su extrema sencillez; aunque pueda parecer contradictorio esta plaza no llama a la calma sino al cosquilleo interior; al menos eso le ocurre a la que escribe). El poeta de esta primera lectura es Mario López perteneciente al Grupo Cántico; el poema se encuentra incrustado en el encalado muro. 


Continuamos hacia la plaza de Séneca en donde Miguel procede a la lectura de versos y sentencias del pensador cordobés que da nombre a la plaza. Asentimientos y sonrisas en el grupo de amigos participantes en el paseo. Salimos de la plaza sintiéndonos un poquito más sabios de lo que éramos a la llegada. 

En la plaza de Jerónimo Páez, junto al Museo Arqueológico,  hacemos el primer alto en el camino. La lectura seca el paladar y el acto de pensar (según estudios científicos recientes) da sed. Por tanto, es la hora del vermú o de la primera cerveza. Y a varios metros sobre el subsuelo en donde yace el Teatro de la Córdoba Romana, de Corduba, concretamente sobre el lugar que ocuparon los músicos, regamos nuestro paladar (y nuestras neuronas) para ser capaces de proseguir con el poético paseo. Y a partir de aquí se alternarán poesía y copas y degustación de viandas. No sabemos bien si la poesía es la excusa para irse de tascas o, por el contrario, si el tapeo es la excusa para ir en busca de la poesía. ¿Qué más da? La compatibilidad de ambas actividades es perfecta; ambas se refuerzan multiplicando el placer que por sí solas producen.

La próxima lectura, siguiendo con Séneca, la realiza Leonor junto a la columna de los Anneos, esquina del convento de la Encarnación. Una columna de Roma sostén de un convento cristiano. El reciclaje, desde luego,  no es una moda reciente.

Junto a la Mezquita, antes de atravesar el Puente Romano en busca de otros poetas y versos, recalamos en el bar Casa Santos, toda una institución; cerveza fresquita y, por supuesto,  la tortilla de patatas, ineludible para quienes recorren la judería cordobesa; nuestra barra: los poyetes exteriores del muro de la Mezquita.

 
 Tras el piscolabis atravesamos el Patio de los naranjos, y entre poema y cerveza, alguna coplita y algún bailecito a cargo de unas amigas muy dicharacheras (y con voces espléndidas, todas; aunque la mención especial puede ser para Toñi J.) (surge la idea de organizar un futuro paseo cantarín).

En el puente, sobre el Guadalquivir, cerca de la torre de la Calahorra, nos detenemos: Toni lee un poema propio; es un poema precioso, evocador, que hace referencia a otra época y a otro lugar, pero al mismo río.

Y en tierra firme, en la otra ribera ya, Josefina lee los versos de Lorca inscritos en un monumento de granito con forma de cola de pez. Los oyentes miramos el Puente, el río, la Puerta del Puente, la Mezquita, la arboleda de los Sotos de la Albolafia; la emoción se extiende escuchando la voz de Federico en otros labios y mirando el mismo paisaje que sus ojos contemplaron cuando al fin llegó a la deseada Córdoba lejana y sola, tan sola como el poeta lo está en algún olivar perdido de su Graná. 

 
A pocos pasos, nos detenemos a comer en la terraza de un hotel; el lugar ha sido elegido por las vistas: ante nuestros ojos la panorámica de uno de los conjuntos monumentales más bellos e impresionantes de Occidente.

Tras la comida, en la misma orilla, Mané lee un poema de Juan Bernier, perteneciente al Grupo Cántico. Inmaculada improvisa leyendo al azar poemas de un libro editado por Cosmopoética. Le siguen otras improvisaciones. Volvemos a cruzar el Puente Romano, para que Ana, junto al Triunfo de San Rafael, pueda leer un poema de Luis de Góngora que, como otros, cuelga de los muros de una ciudad cuajada de poesía.

Continuamos el paseo  hasta llegar a la arboleda del Campo Santo de los Mártires. Junto al monumento a Los Amantes, Leocricia  lee los versos de amor inscritos en la piedra (lo están en español y en árabe), poemas escritos hace diez siglos por amantes que se inspiraron un amor pasional y eterno (aunque puedan parecer términos contradictorios): los versos de Ibn Zaydun y de la princesa Wallada, culta y hermosa, hija del efímero califa cordobés al-Mustakfi y de una esclava cristiana.


Algo antes de las cinco detuvimos de nuevo el paseo para tomar café en la Casa de las Pavas (hoy hotel Casas de la Judería), en donde nació Luis de Góngora en 1561. ¿Acaso podía haberse elegido un lugar mejor? Entre sorbito y sorbito se improvisan lecturas. Vuelven a leer los que ya han leído, también otros que aún no se han estrenado (Daniel, Antonio). Y las estupendas voces vuelven a cantar. Otros escuchamos y hacemos fotos; con la excusa de las cámaras nos libramos de la lectura y del cante (presiento que en el futuro seremos los primeros).  

Tras un buen rato en la antigua casa de Góngora, proseguimos el paseo hasta la calleja del Poeta Ricardo Molina (antigua calleja de la Imprenta) en donde Pepe leyó los versos de la Elegía XVII, escritos, cómo no, por dicho poeta que, como otros de los leídos, perteneció al influyente grupo de poetas cordobeses, Cántico. Después proseguimos hacia la calle Cara en busca del monumento y de los versos de Ibn Suahid; hermoso poema que nos mostró Mané.

 
Y pasadas las seis terminó el paseo, por unanimidad, no por que no hubiera lugares y poetas para continuar. Quedó, tal vez para otro domingo soleado (y menos caluroso), parte de la agenda proyectada por Mané: Duque de Rivas y sus añoranzas de Córdoba. En el Palacio de Viana: Vicente Núñez, Juana Castro, Carlos Clementson… En la Ermita de la Aurora, Pablo García Baena.

Etc., etc., etc.

La poesía en Córdoba da para infinitos paseos.

domingo, 28 de agosto de 2011

Ensayo Sobre La Lucidez de Saramago y Los Ciudadanos Indignados

Hoy, día en que Democracia Real Ya, Los indignados del 15 M, han convocado concentraciones, asambleas, manifestaciones ciudadanas en las calles de un buen número de ciudades para protestar contra esa reforma de la Constitución (Constitución hasta ahora intocable) que de prisa y corriendo, y con premeditación, nocturnidad y alevosía, y sin que haya un referéndum, quieren hacer a toda costa unos políticos (gobierno, su partido y la mayoritaria oposición) que atufan como nunca a mercados y a neoliberalismo, hoy, 28 de agosto de 2011, día en que el ochenta por ciento de los ciudadanos debiéramos salir a la calle, y pocos meses antes de unas elecciones generales adelantadas, hoy, decía, he recordado un libro que leí hace unos años. He ido a mi librería y lo he sacado de los estantes. No tiene polvo; además de que procuro mantener los libros de este autor desempolvados, por sí solos ellos son antitelarañas. Sí, la obra de Saramago es antitelarañas, las que el autor intenta quitar de los ojos de sus lectores. Y el libro concreto al que me refiero, Ensayo sobre la lucidez, publicado en el 2004 y que leí por entonces, es sin duda un libro que varios años después podría estar en todas las mesillas de noche de los indignados demócratas de este país y de todos los países del planeta. 

Creo que Ensayo sobre la lucidez  es una novela de lectura obligada en los tiempos que corren. ¿Qué sucedería si pusiéramos en práctica, por ejemplo en esas elecciones que tenemos a  la vuelta de la esquina,  lo que el autor propone con esa lucidez (y valga la redundancia) que lo caracteriza?

Para quien pueda estar leyendo esto y no haya leído el libro, no voy a descubrir en qué consiste esa actuación de la ciudadanía que el autor imagina en su novela, y sólo para ir abriendo boca e incitar a su lectura, reproduzco el texto que aparece en la contraportada del libro:

"Aullemos, dijo el perro."
LIBRO DE LAS VOCES

Durante las elecciones municipales de una ciudad sin nombre, la mayoría de sus habitantes decide individualmente ejercer su derecho al voto de una manera inesperada. El gobierno teme que ese gesto revolucionario, capaz de socavar los cimientos de una democracia degenerada, sea producto de una conjura anarquista internacional o de grupos extremistas desconocidos. Las cloacas del poder se ponen en marcha: los culpables tienen que ser eliminados. Y si no se hallan, se inventan.
Los protagonistas de esta nueva novela de Saramago, un inspector de policía y la mujer que conservó la vista en la epidemia de luz blanca de Ensayo sobre la ceguera, dan muestras de la altura moral que los ciudadanos anónimos pueden alcanzar cuando deciden ejercer la libertad.
Saramago, un escritor que se ha convertido en la conciencia lúcida de una época cegada por los mecanismos del poder, lanza una llamada de alerta: «Puede suceder que un día tengamos que preguntarnos Quién ha firmado esto por mí». Ese día puede ser hoy.

miércoles, 8 de junio de 2011

Eduardo Galeano Versus Mario Vargas Llosa


A continuación recojo el texto de un trabajo realizado por un alumno que cursa  4º de Historia en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Córdoba, presentado en la asignatura Historia de América. Desde mi punto de vista, un trabajo crítico y valiente.

LATINOAMÉRICA: UN CONTINENTE DESESPERADO

Autor: Alberto Berlanga Lillo

Este trabajo está realizado a partir de la previa lectura de los libros de Eduardo Galeano: Las Venas Abiertas de América Latina; y de Mario Vargas Llosa: Sables y Utopías. Visiones de América Latina. El fin del mismo es hacer una comparación entre los distintos puntos de vista que, los autores, tienen de la situación política de América Latina. Estas visiones, parten desde unas ideologías totalmente opuestas en lo referente, tanto a planteamientos políticos, como a económicos y sociales.

Para exponer su visión de América Latina, Eduardo Galeano, en su ensayo, hace un viaje retrospectivo por la historia del continente, analizando los factores que, desde la conquista española hasta la fecha de publicación del mismo -1971-, han influenciado y han derivado en la actual situación político-social-económica del continente. Por el contrario, los numerosos ensayos -publicados en distintas fechas del último tercio del S. XX- que conforman la monografía de Vargas Llosa, sólo se centran en analizar los factores políticos, económicos y sociales acaecidos en América Latina durante el S.XX, como únicas causas del actual marco político latinoamericano.

Unos de los problemas importantes que veo a la hora de realizar este trabajo, que no es tarea fácil, es el marco temporal que hay entre la publicación de Las Venas Abiertas de América Latina y algunos de los ensayos de Sables y Utopías, los cuales son publicaciones muy recientes. Debo decir que me hubiera gustado ver la evolución ideológica del autor del primero, y su análisis de los cambios acaecidos en Latinoamérica durante estos últimos cuarenta años, aspecto que sí he podido apreciar al leer el libro de Vargas Llosa. Aunque, viendo algunas conferencias de actualidad dadas por Galeno, creo que coherentemente ha seguido fiel a sus principios, mientras que si tuviese que elegir una frase para definir la evolución política de Vargas Llosa diría, si se me permite, lo siguiente:

“Si a los 20 años no eres de izquierda, no tienes corazón. Si a los 40 no eres de derecha, no tienes cerebro.” Winston Churchill.

Esta frase que, para mí, define la incoherencia humana, es muy atribuible a la evolución ideológica de Vargas Llosa. Una persona que, en su juventud, veía con buenos ojos las revoluciones socialistas, tal es el caso de la cubana –véase los capítulos de “Sables y utopías”: crónicas de cuba I y II (1967)- como método para salvar a una sociedad de la pobreza y la injusticia, pasa, con los años, a defender un sistema de libre mercado extremo en el que los países no jueguen ningún tipo de papel en el ámbito del mercado internacional, es decir: desnacionalización de empresas, derogación de cualquier ley de tipo arancelaria, apertura total de los países a cualquier inversión extranjera, etc. Por el contrario, Galeano, en su recorrido por la historia latinoamericana, lo que critica es precisamente esto. Defiende, que la situación político-social actual latinoamericana es causa directa de la sangría histórica que países, mercantilistas en un comienzo tales como Portugal y España; y capitalistas con posterioridad, refiriéndose a Inglaterra y a EEUU, han hecho durante siglos en el continente.

Este capitalismo democrático tan ansiado por Vargas Llosa para América Latina es la causa de que nosotros, los países desarrollados occidentales, vivamos tan bien y con un Estado del bienestar tan estupendo y envidiable. Pero este nivel de vida no es gratuito, sino que por el contrario tiene un alto coste: el subdesarrollo y la pobreza de ¾ partes de la población mundial, aparte, por supuesto, de la destrucción de la Tierra. Las circunstancias latinoamericanas son muy parecidas a las que se encuentran en el África subsahariana y los países de sur-este asiático, es decir, la explotación de sus recursos minero-agrícolas por parte de grandes empresas multinacionales con sedes en los países desarrollados, las cuales, son las beneficiarias del rendimiento de estas producciones, mientras que los pocos beneficios que obtienen los países pobres a partir de sus recursos, van a parar, en la mayoría de los casos, a dictadores en los regímenes totalitarios, y a los funcionarios corruptos en las falsas democracias. Para mantener este statu quo, los países ricos ya se encargan, como muy bien dice Galeano, de implantar “dictadorzuchos” y reyezuelos a diestro y siniestro: Pinochet en Chile –aunque en el año de la publicación de su ensayo, éste veía con esperanza el gobierno de Salvador Allende, sentimiento que me entristeció leer tras conocer lo que desgraciadamente aconteció en este país-, Videla en Argentina –aunque este caso, es también posterior a su publicación-, Batista en Cuba, los Somoza en Nicaragua, etc. todos ellos apoyados por “los buenos”, que son, sin duda alguna, los EEUU.

Vargas Llosa se muestra muy crítico con todo tipo de dictadura y con la corrupción de las democracias latinoamericanas, y no le falta razón porque considero, al igual que él y Galeano, que son, en gran medida, responsables de la situación de pobreza actual que sufre América Latina, aunque Galeano, se muestra más favorable a las dictaduras provenientes de una revolución socialista. A los regímenes socialistas, ya sean democráticos o totalitarios, Vargas Llosa los considera utópicos, ya que aunque tengan unas buenas ideas de base social justas y equitativas, con el paso de los años, según él, acabarían por convertirse en dictaduras, o los funcionarios a su servicio terminarían corrompiéndose. Para él, la solución mágica para que Latinoamérica saliese de su pobreza tendría que aglutinar, grosso modo, tres pasos a seguir. El primero, que hubiese un Estado democrático a la europea en cada uno de los países de este continente; el segundo, que los funcionarios al servicio de dichos Estados fueran incorruptibles; y el tercero, que las empresas de los Estados occidentales interviniesen con inversiones en dichos países con el fin de desarrollar a los mismos. Para mí, el título de su monografía vendría muy bien a la hora de clasificar esta solución: Utopía. En primer lugar -y como extraordinariamente explica y demuestra Galeano-, el capitalismo salvaje llevado a cabo por los europeos y estadounidenses en Latinoamérica no es la solución a sus problemas, sino la causa principal de los mismos, la cual, ha impedido que los estados de este continente puedan desarrollarse por sí mismos, y en el caso de que algunos lo intentasen a través de medidas proteccionistas, al final, acabaron por ser absorbidos por el imperio capitalista (véase el tremendo capítulo de “La guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay…” de “las Venas Abiertas de América Latina”). Y en segundo lugar, en el mundo librecambista y capitalista, que defiende Vargas Llosa, siempre va a haber ricos y pobres, países ricos y países pobres, ¿de quién se van a aprovechar los nuevos países desarrollados latinoamericanos cuando lo sean? Yo, y es mi opinión, creo en el internacionalismo como una solución al mundo en el que vivimos, pero no en el capitalista, desde luego.

La internacionalización que defiende Vargas Llosa, es decir, la globalización, como solución a los males de Latinoamérica, quizás, sea posible para algunos de estos países que la conforman, pero por supuesto, no para todos. Para mantener un alto nivel de vida a la europea o a la americana, el cual engloba un grupo de países denominados consumidores -como acertadamente describe Galeano- es necesario que haya, a su vez, otra serie de países productores de materias primas consumibles –por el primer grupo de países-: metales de todo tipo, productos alimentarios –innecesarios- como el azúcar, el café –salvo, como bien y en tono cómico dice Galeano en una de sus conferencias, para los estudiantes en época de exámenes- etc.

Una de las grandes e importantísimas diferencias que he apreciado entre los dos autores, a raíz de la lectura de sus correspondientes libros, es el gran acercamiento a la realidad latinoamericana que se vislumbra en Galeano y la excelente y coherente forma que tiene de tratarlo y exponerlo en el texto. Mientras que de lo contrario, Vargas Llosa se dedica a criticar y a dar soluciones incoherentes y utópicas a una realidad latinoamericana mucho más cruda de lo que él piensa o, por lo menos, expone. Defiende “a muerte”, por decirlo de alguna manera, la democracia a la europea en América Latina, con todas sus consecuencias. Pero parece que no se da cuenta de que el continente latinoamericano no es Europa. ¿Cómo puede defender una democracia a la occidental y un librecambismo, cuando los países desarrollados, a la vez que explotan los recursos latinoamericanos y los invaden con sus empresas, se dedican a poner unas grandísimas tasas arancelarias a muchos productos y manufacturas latinoamericanas? ¿Cuáles serían las soluciones para el problema de pobreza, corrupción, narcotráfico, etc. que padece Sudamérica? No lo sé, pero si tuviéramos que empezar eligiendo por el modelo que propone Vargas Llosa de librecambismo o el que propone Galeano de proteccionismo, sin duda, pienso que habría que comenzar con el segundo. En el caso de Inglaterra y EEUU, hemos comprobado a través de la historia, que el librecambismo -como bien nos expone Galeano-, no fue el modelo que siguieron para conseguir su desarrollo inicial. Me pregunto, además, ¿qué tipo de gobierno sería el ideal para llevar a cabo una serie de soluciones que rompan con el actual modelo económico, causante de las desigualdades sociales reinantes en Latinoamérica? Las dictaduras militares por descontado que no, lo ideal, pienso, sería que una democracia de izquierdas acabase con el caciquismo y el dominio de las multinacionales sobre los recursos nacionales, por y para el pueblo. Pero esto último es una utopía: siempre que salga elegido un gobierno de derechas o conservador hará todo lo posible por alimentar el monstruo capitalista, que perjudica a muchísimas más personas de a las que realmente beneficia y que, en el caso de América latina, los perjudicados y muertos de hambre son una gran mayoría de la población.

Galeano, a diferencia de Vargas Llosa, defiende la revolución socialista como medio para conseguir el fin de igualdad y justicia que se merece un Estado, en el que sean los países los que controlen sus recursos; y los beneficios de estos, por tanto, repercutan en el pueblo, y no a un número reducido de “Tiburones” –altos ejecutivos de empresas multinacionales, presidentes y directivos de bancos y aseguradoras, etc.-, cuya codicia es insaciable. Sin embargo, este planteamiento socialista es criticado duramente por Vargas Llosa, el cual parece que prefiere -con respecto a Latinoamérica-: un muerto de hambre, que pueda ir a votar al cacique que le va a explotar y, a su vez, expresar libremente el hambre que pasa; a uno que no la pase, y no pueda elegir libremente a sus gobernantes. Incluso se atreve criticar a aquellos gobiernos, que elegidos democráticamente, supieron imponerse al dominio económico establecido en sus países: según él, la dictadura pinochetista y franquista, fueron consecuencia en buena medida, de la incompetencia gubernativa en cuestiones político-económicas, que el gobierno del señor Salvador Allende y el del señor Manuel Azaña llevaron a cabo en sus respectivos países, fomentando el descontento de la población, el cual, finalmente, vio con buenos ojos la llegada de los nuevos regímenes dictatoriales. Creo, que de los pocos que vieron con buenos ojos la llegada de estos regímenes fueron, entre otros, los caciques, que estuvieron a punto de sufrir, tanto en Chile en 1971 como en España en 1936, justas expropiaciones en sus latifundios de por vida.

Vargas Llosa comete, a menudo, el error de poner como ejemplo el caso del milagro español, alabando la labor socialista de los años 80 y 90 que permitió un importante y acelerado impulso económico a nuestro país y, además, lo intenta extrapolar sin base alguna, y como modelo a seguir, a Latinoamérica. Una vez más, señalo, que Europa no es América. El gran impulso económico de nuestro país se debe, grosso modo, a 5 factores determinantes: las ayudas económicas obtenidas de nuestra entrada en la U.E –organismo que no existe en Latinoamérica, ni nada que se le asemeje, salvo para el libre mercado representado por bloques comerciales tales como: MERCOSUR, CAN, CARICOM, etc.-; la gran afluencia de turistas llegados a nuestro país -por estar de moda- y que hemos sabido conservar, lo cual ha servido para dar un gigantesco impulso al sector servicios y, por consiguiente, a la creación de empleo; la importántisima cantidad de inversiones extranjeras que se han realizado en ámbitos industriales, como en el sector automovilístico, etc.; el “boom” de la construcción; y por último, las numerosas desnacionalizaciones de empresas llevadas a cabo, sobre todo, en el periodo de gobierno del Partido Popular. Y después de todo esto, y tras una gran crisis mundial, que nos ha hecho despertar de un sueño que, para muchos, era el capitalismo, ¿qué nos queda?: casi cinco millones de desempleados, y en aumento; inversiones extranjeras emigrando a los países del este, más baratos y rentables dentro de este mundo librecambista; escasísima industria, en comparación con nuestros países vecinos como Italia, Alemania, Francia e Inglaterra; el despertar del sueño, que era para muchos el mercado salvaje inmobiliario, el cual ha dejado, por ejemplo, un 20% de desocupación de pisos en Córdoba, cuando a los jóvenes nos cuesta cada vez más independizarnos debido a la falta de empleo y a los abusivos costes de los pisos; empresas, antes nacionales, como telefónica queriendo despedir -actualmente- a 6.000 trabajadores, mientras, al mismo tiempo, da comisiones por valor de millones de euros a sus directivos; etc. etc. Con todo esto, quiero intentar demostrar que las tesis librecambistas -protegidas por las democracias liberales-, que defiende Vargas Llosa, no son una solución factible para el mundo en el que vivimos, y menos aún para un continente como América Latina, en el que la mayoría de sus recursos de producción están controlados por empresas extranjeras.

La crisis mundial, nos ha demostrado que el capitalismo no es tan perfecto como se creía, todo lo contrario, en el mundo –y aunque suene ya repetitivo, pero es la verdad- los ricos son cada vez más ricos, y los pobres cada vez más pobres. No sé cuál es la solución para este continente, pero veo con muy buenos ojos a los gobiernos democráticos de Evo Morales en Bolivia, al de Correas en Ecuador, e incluso todavía al de Chávez en Venezuela –espero que el poder no le nuble sus metas para con el pueblo-. De lo que estoy seguro es, y reitero, que la globalización capitalista hasta ahora llevada a cabo por los países desarrollados, y que afecta muy negativamente a los Estados pobres, no es la solución a seguir para lograr el desarrollo y la salida de la pobreza de estos últimos Estados, tanto los latinoamericanos como lo subsaharianos. Aún así, esta es la globalización tan admirada por Vargas Llosa a día de hoy, y la tan criticada por Galeano ayer, hoy y mañana.






viernes, 20 de mayo de 2011

¡Indignaos!

Título del libro de Stéphane Hessel, con prólogo de José Luis Sampedro; 60 páginas que han ayudado al movimiento ciudadano 15M.




 Reflexiones de Sampedro sobre el 15M.
Opiniones de manifestantes:
 "Con esto estás haciendo política" 

jueves, 19 de mayo de 2011

Max Aub y el Laberinto Mágico


El viaje más enriquecedor y esclarecedor que realicé en el verano del 2009 fue la lectura de las seis novelas sobre la Guerra Civil que componen El Laberinto Mágico, de Max Aub. Las leí y me sentí estafada, engañada. Apenas hacía unos meses que había tenido conocimiento de la existencia de un escritor cuyo nombre era Max Aub. Estafada y engañada por aquellos que deciden qué autores son dignos o no de formar parte de los planes educativos y de quiénes son merecedores o no de ser homenajeados públicamente (y con la difusión adecuada para que llegue a todos).


Max Aub pertenece a la Generación del 27. Estuvo en el exilio. Murió en 1972. Y su figura y obra no fueron reivindicadas en unos años (los 80) en que otros autores, con las mismas circunstancias y con una obra de similar talla, lo fueron.

Recuerdo ese verano de 2009, recuerdo que mientras avanzaba en la lectura estaba cada vez más sorprendida y me preguntaba por qué puñetas no conocía desde hacía mucho a Max Aub. Yo y la mayoría de la gente. Leía y leía y no entendía que Max Aub no formara parte de nuestra memoria colectiva desde aquellos años de retorno democrático, de que no se le hubiera dado la difusión que merecía. Pero al concluir la lectura dejé de estar sorprendida. Lo que estaba era indignada al imaginar cuáles podían ser los motivos de ese olvido inmerecido. Quizás, El Laberinto Mágico era incómodo no sólo para los vencedores de la Guerra Civil, también para algunos herederos de siglas de los perdedores y, en concreto, para algunos que formaban parte del mismo partido al que perteneció Aub, el partido socialista.

Son seis las novelas que forman el ciclo narrativo: Campo Cerrado, Campo Abierto, Campo de Sangre, Campo del Moro, Campo Francés, y Campo de los Almendros. Libros que pude sacar de la biblioteca pública que frecuento. Todos los ejemplares en un estado lamentable que intenté paliar con una buena dosis de fixo y de pegamento.

Pero el problema no era el estado de los libros, al contrario, era un buen síntoma: habían sido leídos; el problema era que fueran aquellos los únicos ejemplares disponibles y no se renovaran. A posteriori lo entendí. Deseosa de que formaran parte de mi biblioteca personal fui en su busca para comprarlos. Tarea ardua la que me proponía, no carente de sorpresas. La primera, el desconocimiento que en las  librerías tenían sobre el autor y su obra; la segunda (una vez consultadas sus bases de datos), la noticia de que la mayor parte de las novelas de la serie -que fueron publicadas por Alfaguara entre 1978 y 1983-, estaban agotadas o descatalogadas. Comenzó mi búsqueda por internet y descubrí que la Consejería de Cultura de la Generalitat Valenciana estaba publicando las obras completas (Max Aub, aunque de origen alemán y francés, era valenciano). Ninguna de las librerías sabían de esta edición. Pude pedir el Laberinto por internet y recibí cuatro de las seis novelas; de la edición de la Generalitat dos estaban agotadas (supongo que la tirada de ejemplares sería, más bien, cortita).

En los estantes de mi librería tengo aún El Laberinto incompleto, a falta de los dos primeros Campos. No sé si la Generalitat o Alfaguara, van a reeditar las obras agotadas. Lo que sí sé es que la lectura de El Laberinto es imprescindible si queremos entender nuestro pasado reciente. Desde hace unos años, desde avanzados los 90, y con la reivindicación de la Memoria Histórica, se están haciendo por fin estudios rigurosos, investigaciones de historiadores que pertenecen, en la mayoría de los casos, a la generación de los nietos de los que vivieron la guerra. Los historiadores hacen su trabajo -riguroso, científico-, pero, sin lugar a dudas, la labor del novelista es el complemento imprescindible a ese trabajo. Gracias a los historiadores podemos saber, conocer; gracias al novelista, en este caso Max Aub, podemos sentir, vivir lo que aquello fue. Y si se trata de Memoria, es más difícil olvidar lo que se siente y vive que lo que sólo se estudia.

Los personajes de Aub están vivos, te parecen tan reales como las personas que te rodean, cada uno de ellos da su visión, su perspectiva, sus sentimientos sobre la realidad en la que están inmeros, perspectivas diferentes entre sí, de ahí la riqueza, el realismo y la valía de las novelas del ciclo. El autor, como un camaleón, consigue meterse en el entorno, en la piel de sus personajes, en sus pensamientos y emociones, con lo cual sus acciones resultan tan reales como la vida misma. Todos los Campos son necesarios, la suma de todos es ese Laberinto Mágico. Pero si tuviera que quedarme sólo con uno, tal vez lo haría con el último, con Campo de los Almendros.

Años después de aquellos primeros años de democracia en que la figura y la obra de Max Aub fueron silenciadas o, al menos, no reivindicadas con el fervor con que debieran haberlo sido, se creó una Fundación para la difusión de su obra; obra extensa la suya, no sólo escribió El Laberinto Mágico. En 2003, coincidiendo con el centenario de su nacimiento, el suplemento cultural de El País, Babelia, le dedicó el número del 31 de mayo. Y, yo, aunque suelo hacerlo, ese día... en fin... no leí el suplemento (como a muchos otros les sucedería, supongo). Una pena; tuve que esperar hasta el 2009.

  Dicen que más vale tarde que nunca.

 

Enlace a un artículo recogido en el suplemento de Babelia que aporta luz sobre el olvido de Aub. Un artículo que no tiene desperdicio:
Enlace a la Fundación Max Aub:
Enlace a la página principal de Babelia de 31-5-2003: