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lunes, 12 de diciembre de 2011

La Sierra de Córdoba, Álbum de Otoño

Aún quedan hojas prendidas a las ramas, el hielo no ha llegado a las sendas umbrías,  el esponjoso musgo luce verde en rocas y vaguadas, pero es preciso darse prisa si queremos encontrar el esplendor otoñal; rojizos, ocres, dorados luminosos y cálidos que dentro de poco darán paso a los cenicientos y fríos colores invernales. Debemos darnos prisa, es preciso correr si queremos ver a los duendes de la sierra aprovisionándose, llenando sus canastas de setas y castañas.

Qué hermosa está la Sierra de Córdoba, ese paraje que pasa por ser uno de los mejor conservados y ricos de Sierra Morena.

Santa María de Trassierra con los arroyos del Bejarano y del Molino y con el río Guadiato, cascadas cayendo en pozas recoletas y escondidas y agua mansa convertida en maravilloso espejo; con bosques de galería que te transportan directamente al norte de la península; con ruinas de molinos árabes, fuentes, acueductos y calzadas romanas; y con los Senderos de la Memoria, los que transitaron los guerrilleros, los olvidados, hace tan sólo unas décadas. El entorno de Trassierra, tan cercano, a pocos kilómetros de la capital, y como ella repleto de historia.

Y un poco más allá, aguas abajo del Guadiato, alimentándose de él, el pantano de la Breña, ampliado, de los mayores de Andalucía; un mar solitario rodeado de cerros y envuelto en las brumas de diciembre. Y bajando a la llanura, casi en Hornachuelos ya, antes de volver a trepar por el monte, hay un romántico puente (de nuevo el Guadiato), en desuso, un puente y un camino que nos lleva al reencuentro de los niños que fuimos al sumergir los pasos traviesos, curiosos, en la hojarasca caída. Y desde allí, a través de las ramas, se vislumbran y se escuchan a otros duendecillos, los del valle, simpáticos, alegres, risueños, cargados como los serranos de canastas a rebosar, pero en este caso no recolectan castañas ni setas sino los preciados y redondos frutos naranjas.






  


















domingo, 18 de septiembre de 2011

Acantilados de Maro-Cerro Gordo (1), El Barranco y la Cala de Maro




Son muchos los paseos a pie que pueden darse por los Acantilados y las calas de Maro-Cerro Gordo, la mayoría con vistas espectaculares. Pero hay un paseo que en vez de ampliar el horizonte lo recoge, un paseo íntimo que te va engullendo en las entrañas de esta tierra y que termina por premiarte regalándote la visión de una pequeña cala de cantos rodados, escondida, recóndita, alejada de las miradas de altura, una isla secreta a la que llegan los náufragos no desde alta mar sino desde el interior de la espesura. Un extraordinario y sorprendente paseo por el Barranco y la Cala del Barranco de Maro.

Al principio del camino te topas con un acueducto del siglo XIX, el acueducto del Águila, construido para llevar agua al Ingenio (antigua fábrica de azúcar) de Maro, pequeña y bonita población situada junto a la Cueva de Nerja y que forma parte del municipio. Ya la imagen del acueducto te impacta. Una imagen un tanto surrealista; surrealista por la situación y por la pintura que recuerda a la mezquita de Córdoba. Es como si el acueducto estuviera fuera de lugar, como si no hubiera sido construido por la mano del hombre en largas y fatigosas jornadas de trabajo, sino dejado caer de golpe por la mano gigantesca y caprichosa de algún dios, entero, tal cual, encajándose en el barranco.

Dejas atrás el acueducto, continuando por un sendero amplio, que va estrechándose. Al poco el paseante queda solo con las paredes del barranco y con la espesura. Apretado y enmarañado bosque de frutos tropicales y cañaverales abovedados que te envuelven, que refrescan el sudor de tus pasos y que los conducen a un pequeño sendero que termina por convertirse en cauce de un arroyo de agua clara. Caminas chapoteando por él o esquivándolo hasta que el telón de cañas y palmas al fin se entreabre (cuando ya no lo esperas, cuando crees que ese camino que llevas no tiene fin, cuando estás convencido que no conduce a ningún lugar sino que es el propio camino tu destino), se entreabre al fin para mostrarte la pequeña y solitaria cala. Toda una sorpresa.

En el trayecto te habías sentido como Tom Sawyer y Huckleberry Finn explorando las riberas y las islas del Misisipi. Cuando llegas a la cala te sientes directamente Robinson Crusoe, y al rato crees ser el Jim de Stevenson, el muchacho de su Isla del Tesoro, para terminar delirando durante unos segundos creyendo que aquella debe ser sin duda la Isla Misteriosa de Julio Verne.

Y, tanto durante el trayecto como en la pequeña cala, el paseante, o los paseantes, no se siente, no se sienten solos. Percibes compañías invisibles. Pasas junto a sus huellas, recientes. Te sientes observado. Entre la hojarasca y las rocas hay sin duda pares de ojos que no ves. No sabes bien si se tratará de los espectros o fantasmas de nuestros antepasados prehistóricos que habitaron aquellos barrancos y la cueva cercana y que se resisten a abandonar parajes tan bellos, o, por el contrario, serán más bien habitantes coetáneos a ti, habitantes o náufragos de este siglo XXI que quieren parecerse a aquellos tatarabuelos lejanos y olvidarse para siempre del mundanal ruido y del asfalto.





Plano del paseo:




Algunos datos de la zona:




La Zona Especialmente Protegida de Importancia para el Mediterráneo (ZEPIM) de los Acantilados de Maro-Cerro Gordo ocupa una estrecha franja de 12 km. de largo, paralela a la línea de costa, que limita al norte con la N-340 y que se adentra una milla en el Mar de Alborán. El Paraje Natural pertenece al más amplio espacio del Parque Natural de las Sierras de Tejeda, Almijara y Alhama, formado por algunos municipios de la Axarquía malagueña y otros de la provincia de Granada. En esta franja costera las estribaciones de la Sierra de Almijara se hunden en el mar formando abruptos acantilados y bellas calas, a la mayoría de las cuales sólo puede accederse a pie, motivo por el que se mantienen intactas y con aguas transparentes. Cinco torres almenaras se elevan estratégicamente sobre los acantilados. Los municipios a los que pertenece este paraje son Nerja (Málaga) y Almuñecar (Granada).