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martes, 10 de julio de 2012

Entrevista a Eduardo Galeano



Galeano comienza hablando de cómo aprendió el Arte de Narrar en los cafés de Montevideo, acto casi mágico por el cual alguien que cuenta lo que ocurrió logra que vuelva a ocurrir mientras es narrado... y no hay universidad que lo enseñe... la única universidad es el café... Nos habla de Historia, de que la Historia no está condenada a repetirse, aunque los amos del mundo hagan todo lo posible para que se repita... que lo mejor de la Historia humana es su capacidad de sorpresa... Nos dice que estamos entrenados para el miedo que nos obliga a creer que el prójimo es nuestro enemigo.. que el otro es una amenaza, no una promesa. Habla de los indignados, del mundo actual que se tambalea y de la lucha necesaria frente al ataque de los mercados neoliberales. Y continúa hablando de la vida, del arcoiris terrestre...

jueves, 17 de mayo de 2012

Eduardo Galeano, Los Hijos de los Días

 

Los Hijos de los Días  de Eduardo Galeano es un libro para leerlo poco a poco, un viaje a través de los 366 días de un año bisiesto. 

Con una prosa hermosa y concisa, desde un punto de vista comprometido y coherente, Galeano nos regala cada día una pequeña y, al mismo tiempo, gran historia; palabras para la reflexión.



 Un extracto (pag. 291):


Setiembre
11
                                            
  Día contra el terrorismo


      Se busca a los secuestradores de países.
    Se busca a los estranguladores de salarios y a los exterminadores de empleos.
     Se busca a los violadores de la tierra, a los envenenadores del agua y a los ladrones del aire.
     Se busca a los traficantes del miedo.





15-05-2012: Eduardo Galeano en la Facultad de Filosofía de Córdoba, con motivo de la presentación del libro, en donde procedió a la lectura de pasajes del mismo.

domingo, 6 de mayo de 2012

García Lorca, Medio Pan y Un Libro


Quevedo, en sus desplazamientos -forzados o no- cargaba sus baúles con libros.  García Lorca se desprendía de todos los que poseía, no porque le pesaran sino para compartirlos con aquellos que carecían de medios para comprarlos. En septiembre de 1931, con motivo de la inauguración de la biblioteca de Fuente Vaqueros, dio una charla en la que habló con pasión de las necesidades culturales del ser humano, de los pueblos. Extracto de su discurso:


“No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social. Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros? ¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: «amor, amor», y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras. Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoievsky, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: «¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!». Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida”.




jueves, 15 de marzo de 2012

Ramiro Pinilla, Las Ciegas Hormigas

Ramiro Pinilla (Bilbao, 1923) creo es uno de los escritores vivos más importantes, aun siendo un desconocido para dos generaciones de españoles. Es considerado como uno de los renovadores de la narrativa española que se da en los años sesenta. Tras recibir en enero de 1961 el Premio Nadal por Las Ciegas Hormigas (a mi parecer una auténtica obra maestra), y en 1962 el premio de la Crítica, desapareció de los circuitos comerciales y sólo publicó en una pequeña editorial que fundó él mismo: Libropueblo, que distribuía sólo en Bilbao y a precio de coste (sí, sí, a precio de coste: increíble o difícil de entender en el actual mundo mercantilizado que tenemos.... y para ganarse la vida escribía textos para álbumes de cromos y biografías por encargo). En los primeros años de este siglo XXI publicó  la trilogía Verdes Valles, Colinas Rojas, en Tusquet, y comenzó a ser premiado (de nuevo) y reeditado.  Las Ciegas Hormigas ven la luz en 2010.

 ¿Por qué ha sucedido esto? La clave puede que esté en las palabras que dice el propio escritor en el prólogo de esta última edición: Las ciegas hormigas ha permanecido medio siglo secuestrada por la editorial Destino. En el contrato leonino que aquel ingenuo escritor firmó con entusiasmo, una cláusula decía que el editor sería dueño de la obra mientras en su almacén quedaran cien ejemplares: era la posesión de ella por vida. Si nuestras relaciones se rompieron pocos años después, no fue por este abuso sino por otras deslealtades. Señalaré una: cierto día se presentó en mi casa un equipo completo de la televisión alemana para rodar en la costa de Getxo mi novela. Al decirles yo que no tenía la menor noticia, no lo podían creer. Llamo a Destino. "No se preocupe, Pinilla, todo está en regla" Sólo entonces me enviaron 100.000 pesetas. ¿Poco? ¿Mucho? Lo indignate era lo otro, el desprecio al autor /.../ Otra: en 1999, Planteta Agostini, con Destino en este grupo, publicó mi novela en silencio y sin que hasta ahora el autor haya recibido un céntimo. Desde hace meses Las Ciegas Hormigas ha regresado a mis manos gracias a las personales gestiones de Toni López Lamadrid, de Tusquets, recientemente fallecido, al que nunca dejaré de agradecérselo. Un editor enseñando a otro buenas maneras.

Conocí de la existencia de Pinilla hace unos pocos años, a través de la lectura de su novela La Higuera, y hace año y pico al fin pude leer las Ciegas Hormigas, que desde entonces está entre, no sé, tal vez los diez mejores libros que he leído. Está narrado desde un punto de vista múltiple, hablan las voces interiores de cada personaje contando la realidad desde su yo más íntimo. Una cruda realidad de dignidad y de lucha desesperada por la supervivencia. Y el autor lo hace con tal naturalidad que el lector parece que está allí, siendo uno más de la familia de Sabas Jaúregui, los protagonistas.

 Otras palabras del autor en el prólogo: Las Ciegas hormigas es un título nada sutil, frontal, demasiado directo y descarnado, pero quería contar una historia con personajes al límite debatiéndose entre el sentimiento y el instinto animal de supervivencia, enfrentados a una realidad que los quiebra, una realidad que, en realidad, es todas las realidades.

Los críticos comparan Las Ciegas Hormigas con Mientras Agonizo de William Faulkner. Este último es extraordinario, pero si forzadamente tuviera que elegir, me quedaría con las Ciegas Hormigas; en cualquier caso, es uno de los pocos libros que estoy dispuesta a releer una y más veces.


martes, 13 de marzo de 2012

El Quijote Interactivo, Una joya al Alcance de Todos

Una versión interactiva de la primera edición de El Quijote (1605 y 1615) que se conserva en la Biblioteca Nacional. Se digitalizó con alta resolución, construyéndose un portal interactivo que incluye mapas, grabados e ilustraciones pertenecientes a otras ediciones y obras, música, información de la época...  Una joya al alcance de todos desde octubre de 2010, posible gracias al trabajo de treinta profesionales especialistas en diversos ámbitos y más de cinco mil horas de trabajo.
 

Pincha en la imagen para ir al Quijote Interactivo

lunes, 30 de enero de 2012

Luis García Montero, La Farsa

Saben los poetas que son malos tiempos para la justicia, sienten los poetas que no encuentran las palabras precisas para decir la verdad, y paradójicamente algún poeta lo admite al tiempo que las encuentra, sin duda: La Farsa, un poema potentísimo, repleto de fuerza, de Luis García Montero. El poeta está indignado, con toda la razón.



domingo, 1 de enero de 2012

2012, Un Poeta y un Poema Para el Año Nuevo

El Poeta: Mario Benedetti. El poema: "Defensa de la Alegría".  Y Todos y cada uno de sus versos: un himno sonoro, una bandera desplegada.

 




sábado, 19 de noviembre de 2011

Antonio Machado, Noviembre

Leonor murió en 1912 y Machado huyó de Soria, de los lugares que pudieran recordársela. Sumido en una gran depresión volvió a Andalucía, pero no a su Sevilla natal, fue a otro lugar, próximo al mismo río de su infancia, aguas arriba, a Baeza, y allí permaneció varios años, hasta 1919, dando clases de francés.

Desde Baeza, desde Úbeda, entre Úbeda y Baeza, puede observarse un panorama espectacular sobre el Valle del Guadalquivir y las Sierras que como un bello y lejano telón cierran el amplio horizonte.

El poeta en su mirada vio tonos grisáceos y pardos, en aquel noviembre y los siguientes no supo apreciar los increíbles dorados que en esa tierra se dan sobre los olivares, no pudo ver la belleza cálida del paisaje. Su melancolía, su añoranza de Leonor, no se lo permitieron.

Los noviembres, los hermosos noviembres pueden ser los meses más tristes y sombríos. 


miércoles, 9 de noviembre de 2011

Paseo Poético En Córdoba

Una idea siempre parte de alguien, en este caso la idea del paseo se le ocurrió a Mané, quien lo planificó con un par de semanas de antelación. Llega el día D, 11.30 de la mañana en la Plaza de Colón. Un domingo de octubre. No es un domingo otoñal, el verano, persistente y acaparador,  extiende sus tentáculos más allá de su estación. Una vez reunido el grupo convocado comienza el paseo. Se trata de ir al encuentro de la poesía; de los poemas y poetas que ofrecen su presencia perenne  en los rincones y fachadas de la ciudad. El primer turno de lectura es de Carmen, junto a la hermosa y desasosegante plaza de Capuchinos (sí, desasosegante por su extrema sencillez; aunque pueda parecer contradictorio esta plaza no llama a la calma sino al cosquilleo interior; al menos eso le ocurre a la que escribe). El poeta de esta primera lectura es Mario López perteneciente al Grupo Cántico; el poema se encuentra incrustado en el encalado muro. 


Continuamos hacia la plaza de Séneca en donde Miguel procede a la lectura de versos y sentencias del pensador cordobés que da nombre a la plaza. Asentimientos y sonrisas en el grupo de amigos participantes en el paseo. Salimos de la plaza sintiéndonos un poquito más sabios de lo que éramos a la llegada. 

En la plaza de Jerónimo Páez, junto al Museo Arqueológico,  hacemos el primer alto en el camino. La lectura seca el paladar y el acto de pensar (según estudios científicos recientes) da sed. Por tanto, es la hora del vermú o de la primera cerveza. Y a varios metros sobre el subsuelo en donde yace el Teatro de la Córdoba Romana, de Corduba, concretamente sobre el lugar que ocuparon los músicos, regamos nuestro paladar (y nuestras neuronas) para ser capaces de proseguir con el poético paseo. Y a partir de aquí se alternarán poesía y copas y degustación de viandas. No sabemos bien si la poesía es la excusa para irse de tascas o, por el contrario, si el tapeo es la excusa para ir en busca de la poesía. ¿Qué más da? La compatibilidad de ambas actividades es perfecta; ambas se refuerzan multiplicando el placer que por sí solas producen.

La próxima lectura, siguiendo con Séneca, la realiza Leonor junto a la columna de los Anneos, esquina del convento de la Encarnación. Una columna de Roma sostén de un convento cristiano. El reciclaje, desde luego,  no es una moda reciente.

Junto a la Mezquita, antes de atravesar el Puente Romano en busca de otros poetas y versos, recalamos en el bar Casa Santos, toda una institución; cerveza fresquita y, por supuesto,  la tortilla de patatas, ineludible para quienes recorren la judería cordobesa; nuestra barra: los poyetes exteriores del muro de la Mezquita.

 
 Tras el piscolabis atravesamos el Patio de los naranjos, y entre poema y cerveza, alguna coplita y algún bailecito a cargo de unas amigas muy dicharacheras (y con voces espléndidas, todas; aunque la mención especial puede ser para Toñi J.) (surge la idea de organizar un futuro paseo cantarín).

En el puente, sobre el Guadalquivir, cerca de la torre de la Calahorra, nos detenemos: Toni lee un poema propio; es un poema precioso, evocador, que hace referencia a otra época y a otro lugar, pero al mismo río.

Y en tierra firme, en la otra ribera ya, Josefina lee los versos de Lorca inscritos en un monumento de granito con forma de cola de pez. Los oyentes miramos el Puente, el río, la Puerta del Puente, la Mezquita, la arboleda de los Sotos de la Albolafia; la emoción se extiende escuchando la voz de Federico en otros labios y mirando el mismo paisaje que sus ojos contemplaron cuando al fin llegó a la deseada Córdoba lejana y sola, tan sola como el poeta lo está en algún olivar perdido de su Graná

 
A pocos pasos, nos detenemos a comer en la terraza de un hotel; el lugar ha sido elegido por las vistas: ante nuestros ojos la panorámica de uno de los conjuntos monumentales más bellos e impresionantes de Occidente.

Tras la comida, en la misma orilla, Mané lee un poema de Juan Bernier, perteneciente al Grupo Cántico. Inmaculada improvisa leyendo al azar poemas de un libro editado por Cosmopoética. Le siguen otras improvisaciones. Volvemos a cruzar el Puente Romano, para que Ana, junto al Triunfo de San Rafael, pueda leer un poema de Luis de Góngora que, como otros, cuelga de los muros de una ciudad cuajada de poesía.

Continuamos el paseo  hasta llegar a la arboleda del Campo Santo de los Mártires. Junto al monumento a Los Amantes, Leocricia  lee los versos de amor inscritos en la piedra (lo están en español y en árabe), poemas escritos hace diez siglos por amantes que se inspiraron un amor pasional y eterno (aunque puedan parecer términos contradictorios): los versos de Ibn Zaydun y de la princesa Wallada, culta y hermosa, hija del efímero califa cordobés al-Mustakfi y de una esclava cristiana.


Algo antes de las cinco detuvimos de nuevo el paseo para tomar café en la Casa de las Pavas (hoy hotel Casas de la Judería), en donde nació Luis de Góngora en 1561. ¿Acaso podía haberse elegido un lugar mejor? Entre sorbito y sorbito se improvisan lecturas. Vuelven a leer los que ya han leído, también otros que aún no se han estrenado (Daniel, Antonio). Y las estupendas voces vuelven a cantar. Otros escuchamos y hacemos fotos; con la excusa de las cámaras nos libramos de la lectura y del cante (presiento que en el futuro seremos los primeros).  

Tras un buen rato en la antigua casa de Góngora, proseguimos el paseo hasta la calleja del Poeta Ricardo Molina (antigua calleja de la Imprenta) en donde Pepe leyó los versos de la Elegía XVII, escritos, cómo no, por dicho poeta que, como otros de los leídos, perteneció al influyente grupo de poetas cordobeses, Cántico. Después proseguimos hacia la calle Cara en busca del monumento y de los versos de Ibn Suahid; hermoso poema que nos mostró Mané.

 
Y pasadas las seis terminó el paseo, por unanimidad, no por que no hubiera lugares y poetas para continuar. Quedó, tal vez para otro domingo soleado (y menos caluroso), parte de la agenda proyectada por Mané: Duque de Rivas y sus añoranzas de Córdoba. En el Palacio de Viana: Vicente Núñez, Juana Castro, Carlos Clementson… En la Ermita de la Aurora, Pablo García Baena.

Etc., etc., etc.

La poesía en Córdoba da para infinitos paseos.

jueves, 22 de septiembre de 2011

Conversaciones en la Azotea, Eutopía 2011, Córdoba



Un creador veterano, Kiko Veneno, y una jovencísima poeta, Luna Miguel, dialogaron anoche -entre ellos y con el público asistente- en Las Conversaciones en la Azotea, dentro de la programación del Festival de Creación Joven Eutopía 2011, en Córdoba.

La tarde fue cayendo con una agradable temperatura y anocheció en la azotea, con vistas sobre los tejados y torres de Santa Marina que fueron iluminándose al ritmo de la conversación, una conversación que paseó desde el carácter reivindicativo y comprometido del arte, hasta Internet, las redes sociales, la soledad o compañía en las nuevas formas de comunicación, el peso de la inspiración y del trabajo en la obra,  el poder curativo del proceso de creación…

Kiko, animado conversador, levantó risas con sus chistes irónicos (malos según él) contrarrestando o dando un punto de calidez a la seriedad que amenazaba con colarse por las rendijas del enlosado de la azotea.

Me quedo con un comentario de Luna sobre la humildad que debe acompañar a todo creador, y sobre todo con la defensa apasionada de la lectura que hizo Kiko, reivindicando la grandeza y la magia de una actividad totalmente solitaria como es la lectura (independientemente del sorporte, papel o digital), capaz de sustraernos por completo durante un tiempo del mundo que nos rodea y de nosotros mismos, para llevarnos junto a Sancho, junto a Quijote, o junto a cualquier otro personaje y darnos la oportunidad de vivir y sentir sus vidas, ajenas y tan diferentes a la nuestra (añadiría: o tan similares en el fondo que hace que nos reconozcamos con más claridad que en nuestros propios espejos...).





Enlace a la página del Festival Eutopía 2011:


domingo, 28 de agosto de 2011

Ensayo Sobre La Lucidez de Saramago y Los Ciudadanos Indignados

Hoy, día en que Democracia Real Ya, Los indignados del 15 M, han convocado concentraciones, asambleas, manifestaciones ciudadanas en las calles de un buen número de ciudades para protestar contra esa reforma de la Constitución (Constitución hasta ahora intocable) que de prisa y corriendo, y con premeditación, nocturnidad y alevosía, y sin que haya un referéndum, quieren hacer a toda costa unos políticos (gobierno, su partido y la mayoritaria oposición) que atufan como nunca a mercados y a neoliberalismo, hoy, 28 de agosto de 2011, día en que el ochenta por ciento de los ciudadanos debiéramos salir a la calle, y pocos meses antes de unas elecciones generales adelantadas, hoy, decía, he recordado un libro que leí hace unos años. He ido a mi librería y lo he sacado de los estantes. No tiene polvo; además de que procuro mantener los libros de este autor desempolvados, por sí solos ellos son antitelarañas. Sí, la obra de Saramago es antitelarañas, las que el autor intenta quitar de los ojos de sus lectores. Y el libro concreto al que me refiero, Ensayo sobre la lucidez, publicado en el 2004 y que leí por entonces, es sin duda un libro que varios años después podría estar en todas las mesillas de noche de los indignados demócratas de este país y de todos los países del planeta. 

Creo que Ensayo sobre la lucidez  es una novela de lectura obligada en los tiempos que corren. ¿Qué sucedería si pusiéramos en práctica, por ejemplo en esas elecciones que tenemos a  la vuelta de la esquina,  lo que el autor propone con esa lucidez (y valga la redundancia) que lo caracteriza?

Para quien pueda estar leyendo esto y no haya leído el libro, no voy a descubrir en qué consiste esa actuación de la ciudadanía que el autor imagina en su novela, y sólo para ir abriendo boca e incitar a su lectura, reproduzco el texto que aparece en la contraportada del libro:

"Aullemos, dijo el perro."
LIBRO DE LAS VOCES

Durante las elecciones municipales de una ciudad sin nombre, la mayoría de sus habitantes decide individualmente ejercer su derecho al voto de una manera inesperada. El gobierno teme que ese gesto revolucionario, capaz de socavar los cimientos de una democracia degenerada, sea producto de una conjura anarquista internacional o de grupos extremistas desconocidos. Las cloacas del poder se ponen en marcha: los culpables tienen que ser eliminados. Y si no se hallan, se inventan.
Los protagonistas de esta nueva novela de Saramago, un inspector de policía y la mujer que conservó la vista en la epidemia de luz blanca de Ensayo sobre la ceguera, dan muestras de la altura moral que los ciudadanos anónimos pueden alcanzar cuando deciden ejercer la libertad.
Saramago, un escritor que se ha convertido en la conciencia lúcida de una época cegada por los mecanismos del poder, lanza una llamada de alerta: «Puede suceder que un día tengamos que preguntarnos Quién ha firmado esto por mí». Ese día puede ser hoy.

lunes, 27 de junio de 2011

Antonio Muñoz Molina, Reflexiones


A continuación, una emotiva reflexión de Antonio Muñoz Molina.

“Aprender a escribir libros es una tarea muy dura, un placer extremadamente laborioso que no se regala a nadie. Lo que se llama la inspiración, la fluidez de la escritura, la sensación de que uno no arranca las palabras al papel, sino de que ellas van por delante señalando el camino, sólo llega, cuando llega, después de mucho tiempo de disciplina diaria. Esos genios de la novela que andan a todas horas por los bares son genios de la botella más que de la literatura. Y aprender a leer libros y a gozarlos también es una tarea que requiere un esfuerzo largo y gradual, lleno de entrega y de paciencia, y también de humildad. /…/ 

Frente a la mansedumbre, a la codicia y a la zafiedad que quieren ahogarnos, la imaginación y la libertad son las armas más nobles de las que disponemos, y … tampoco pasa nada por predicar en el desierto. /…/  La literatura no está en esos grandilocuentes actos oficiales, en las conversaciones chismosas de los escritores, en las entrevistas de la televisión. Donde está y donde importa  la literatura es en esa habitación cerrada donde un hombre escribe a solas a altas horas de la noche, en el dormitorio de un niño que se desvela leyendo a Emilio Salgari, en el aula de un Instituto donde un profesor sin más ayuda que su entusiasmo y su coraje le trasmite a uno solo de sus alumnos el amor por los libros”.
 
Extracto de: “La disciplina de la imaginación”, 1990.
 

jueves, 16 de junio de 2011

Y, tú... ¿Trabajas o escribes?


No hace mucho conocí a una pintora que no vende cuadros, tampoco los expone, no encuentra una sala, una galería o una administración pública dispuestas a cederle un espacio para mostrar, durante un tiempo, sus obras. No por ello deja de pintar. Personalmente me alegro de que no deje la pintura, sus cuadros me gustan y, sobre todo, me emocionan.

Igualmente, conozco a una escritora –a ésta desde hace tanto que ni me acuerdo- que escribe, no escritos breves –aunque también- sino relatos largos, novela. Es decir, un trabajo duro, continuo, sistemático, tanto como el de la pintora. Tampoco ella vende libros, sus novelas son inéditas, no ha encontrado aún un editor dispuesto a publicar sus obras. No por ello deja de escribir.

Las dos, aun careciendo de padrinos, continúan erre que erre, ¿tal vez, por aquello de que el hambre agudiza el ingenio?

La pintora no dice: soy pintora; dice: yo pinto.

La escritora no dice: soy escritora; dice: yo escribo.

Y, ambas, lo dicen con un hilito de voz, con cierto rubor, casi como si estuvieran pidiendo disculpas o excusándose por esa su estrambótica labor.

Tal vez un día la pintora exponga y venda cuadros y la escritora encuentre un editor y venda libros. Tal vez un día puedan recibir una remuneración por su trabajo (lo cual, por otra parte, no les vendría nada mal, entre otras cosas porque ambas forman parte de esos cinco millones que religiosamente pasan por el INEM para renovar su demanda; aunque esa es otra historia).

Quizás, si eso sucediera -si vendieran cuadros y libros-, una podría decir: soy pintora, y la otra: soy escritora. Verbo “ser” en vez del verbo “hacer”. Y lo dirían con un tono de voz natural, como si dijeran: soy administrativa, camarera, abogada, fresadora, profesora, médico, jornalera…, y me dejo la piel en la oficina, en el bar, en el despacho, en la fábrica, en el aula, en la consulta, en el tajo…, como mínimo ocho horas de mis días. Sería un alivio.

Un alivio porque dejarían de intuir en las miradas ajenas una curiosidad que no se les escapa (a veces, curiosidad teñida de condescendencia); no se trata de una curiosidad debida a que la tarea que realizan no sea frecuente estadísticamente, no, no se trata de eso, sino de una curiosidad que viene del que otros no consideren esa su tarea como un trabajo, sino como una simple actividad, y para más ende (y aquí está el quid) una actividad de entretenimiento, fantasiosa y caprichosa.  

¿Por qué? Es sencilla la respuesta: porque no sacan un céntimo de ella. Si lo sacaran, la percepción que de ellas se tiene cambiaría, aunque sus obras sigan siendo las mismas, es decir, independientemente de la calidad alta, mediana o pésima que puedan tener. En ese caso, no se daría ese tipo de curiosidad, ya no las mirarían como buscando la tara en su proceso de fabricación, serían tildadas de normales normalísimas, la actividad de entretenimiento caprichosa y fantasiosa se convertiría en un trabajo más o menos duro (según el observador), y sus jornadas, medios y espacios serían tan valorados y respetados como los de cualquiera. 


domingo, 29 de mayo de 2011

Luis García Montero, Los Libros

Extracto de ¿Por qué no sirve para nada la poesía? (Observaciones en defensa de una poesía para los seres normales). Luis García Montero:

"Los libros son para mí el espacio donde el deseo puede todavía seguir conspirando, sin excesivos sentimientos de ridículo, y una meditada lección de experiencia histórica. Por eso sólo puedo ser optimista junto a los libros. Recupero en ellos el poder de imaginar lo que no existe, y aprendo que lo inexistente, cuando los seres humanos lo sueñan una y otra vez, cuando lo exigen, llega a hacerse realidad, a sentar plaza entre nosotros. Hay muchos mundos de ficción que han pasado de la literatura utópica a la novela realista, del poema simplemente intuido a la certeza del amor o del odio personal."
 


 



lunes, 23 de mayo de 2011

Metáforas


"Desde Vico sabemos que la metáfora no es un adorno, ni una hinchazón del lenguaje, ni esa joya que suponían los retóricos latinos, sino el único modo que tiene el hombre de expresar el mundo subjetivo".

De Ernesto Sábato en "El escritor y sus fantasmas" - 1963.


jueves, 19 de mayo de 2011

Max Aub y el Laberinto Mágico


El viaje más enriquecedor y esclarecedor que realicé en el verano del 2009 fue la lectura de las seis novelas sobre la Guerra Civil que componen El Laberinto Mágico, de Max Aub. Las leí y me sentí estafada, engañada. Apenas hacía unos meses que había tenido conocimiento de la existencia de un escritor cuyo nombre era Max Aub. Estafada y engañada por aquellos que deciden qué autores son dignos o no de formar parte de los planes educativos y de quiénes son merecedores o no de ser homenajeados públicamente (y con la difusión adecuada para que llegue a todos).


Max Aub pertenece a la Generación del 27. Estuvo en el exilio. Murió en 1972. Y su figura y obra no fueron reivindicadas en unos años (los 80) en que otros autores, con las mismas circunstancias y con una obra de similar talla, lo fueron.

Recuerdo ese verano de 2009, recuerdo que mientras avanzaba en la lectura estaba cada vez más sorprendida y me preguntaba por qué puñetas no conocía desde hacía mucho a Max Aub. Yo y la mayoría de la gente. Leía y leía y no entendía que Max Aub no formara parte de nuestra memoria colectiva desde aquellos años de retorno democrático, de que no se le hubiera dado la difusión que merecía. Pero al concluir la lectura dejé de estar sorprendida. Lo que estaba era indignada al imaginar cuáles podían ser los motivos de ese olvido inmerecido. Quizás, El Laberinto Mágico era incómodo no sólo para los vencedores de la Guerra Civil, también para algunos herederos de siglas de los perdedores y, en concreto, para algunos que formaban parte del mismo partido al que perteneció Aub, el partido socialista.

Son seis las novelas que forman el ciclo narrativo: Campo Cerrado, Campo Abierto, Campo de Sangre, Campo del Moro, Campo Francés, y Campo de los Almendros. Libros que pude sacar de la biblioteca pública que frecuento. Todos los ejemplares en un estado lamentable que intenté paliar con una buena dosis de fixo y de pegamento.

Pero el problema no era el estado de los libros, al contrario, era un buen síntoma: habían sido leídos; el problema era que fueran aquellos los únicos ejemplares disponibles y no se renovaran. A posteriori lo entendí. Deseosa de que formaran parte de mi biblioteca personal fui en su busca para comprarlos. Tarea ardua la que me proponía, no carente de sorpresas. La primera, el desconocimiento que en las  librerías tenían sobre el autor y su obra; la segunda (una vez consultadas sus bases de datos), la noticia de que la mayor parte de las novelas de la serie -que fueron publicadas por Alfaguara entre 1978 y 1983-, estaban agotadas o descatalogadas. Comenzó mi búsqueda por internet y descubrí que la Consejería de Cultura de la Generalitat Valenciana estaba publicando las obras completas (Max Aub, aunque de origen alemán y francés, era valenciano). Ninguna de las librerías sabían de esta edición. Pude pedir el Laberinto por internet y recibí cuatro de las seis novelas; de la edición de la Generalitat dos estaban agotadas (supongo que la tirada de ejemplares sería, más bien, cortita).

En los estantes de mi librería tengo aún El Laberinto incompleto, a falta de los dos primeros Campos. No sé si la Generalitat o Alfaguara, van a reeditar las obras agotadas. Lo que sí sé es que la lectura de El Laberinto es imprescindible si queremos entender nuestro pasado reciente. Desde hace unos años, desde avanzados los 90, y con la reivindicación de la Memoria Histórica, se están haciendo por fin estudios rigurosos, investigaciones de historiadores que pertenecen, en la mayoría de los casos, a la generación de los nietos de los que vivieron la guerra. Los historiadores hacen su trabajo -riguroso, científico-, pero, sin lugar a dudas, la labor del novelista es el complemento imprescindible a ese trabajo. Gracias a los historiadores podemos saber, conocer; gracias al novelista, en este caso Max Aub, podemos sentir, vivir lo que aquello fue. Y si se trata de Memoria, es más difícil olvidar lo que se siente y vive que lo que sólo se estudia.

Los personajes de Aub están vivos, te parecen tan reales como las personas que te rodean, cada uno de ellos da su visión, su perspectiva, sus sentimientos sobre la realidad en la que están inmeros, perspectivas diferentes entre sí, de ahí la riqueza, el realismo y la valía de las novelas del ciclo. El autor, como un camaleón, consigue meterse en el entorno, en la piel de sus personajes, en sus pensamientos y emociones, con lo cual sus acciones resultan tan reales como la vida misma. Todos los Campos son necesarios, la suma de todos es ese Laberinto Mágico. Pero si tuviera que quedarme sólo con uno, tal vez lo haría con el último, con Campo de los Almendros.

Años después de aquellos primeros años de democracia en que la figura y la obra de Max Aub fueron silenciadas o, al menos, no reivindicadas con el fervor con que debieran haberlo sido, se creó una Fundación para la difusión de su obra; obra extensa la suya, no sólo escribió El Laberinto Mágico. En 2003, coincidiendo con el centenario de su nacimiento, el suplemento cultural de El País, Babelia, le dedicó el número del 31 de mayo. Y, yo, aunque suelo hacerlo, ese día... en fin... no leí el suplemento (como a muchos otros les sucedería, supongo). Una pena; tuve que esperar hasta el 2009.

  Dicen que más vale tarde que nunca.

 

Enlace a un artículo recogido en el suplemento de Babelia que aporta luz sobre el olvido de Aub. Un artículo que no tiene desperdicio:
Enlace a la Fundación Max Aub:
Enlace a la página principal de Babelia de 31-5-2003:

viernes, 13 de mayo de 2011

Escribir, ¿Compañía o Soledad?


Flaubert, en pleno proceso de escritura de Madame Bovary, escribió en su correspondencia:

"Es algo delicioso cuando se escribe no ser uno mismo, sino circular por toda la creación a la que se alude. Hoy, por ejemplo, hombre y mujer juntos, amante y querida a la vez, me he paseado a caballo por un bosque, en un mediodía de otoño bajo las hojas amarillentas; yo era los caballos, las hojas, el viento, las palabras que se decían y el sol rojo que hacía entrecerrar sus párpados, ahogados de amor."

Cesare Pavese, por su parte, escribió:

"Haber escrito algo que te deja como un fúsil disparado, que aún se sacude y humea, haberte vaciado por entero de ti mismo, pues no sólo has descargado lo que sabes de ti mismo sino también lo que sospechas y supones, así como tus estremecimientos, tus fantasmas, tu vida inconsciente y haberlo hecho de modo que toda la vida se concentrara en ese punto dado, y advertir que todo ello es como si no existiera si no lo acoge y le da calor un signo humano, una palabra, una presencia; y morir de frío, hablar en el desierto, estar solo noche y día como un muerto."